A fondo
Transferencia y éxito educativo; una mirada al sistema finlandés

Transferencia y éxito educativo; una mirada al sistema finlandés

Por Miquel Àngel Comas, Eva Tresserras y Xavier Ureta | Facultad de Educación de la UIC

 

El pasado mes de diciembre se presentó el nuevo informe PISA, Programme for International Student Assessment (PISA), de 2012, en el que nuevamente el sistema educativo finlandés sigue en permanencia en los puestos de cabeza como modelo de éxito, eficiencia y equidad.

 

Antes de analizar los factores decisivos de los buenos resultados de Finlandia, hay que ubicar PISA (ver la tabla 1). Son evaluaciones externas que se realizan cada tres años desde 1997. De ellas se derivan los siguientes efectos:

 

  • Facilitan un análisis de políticas educativas con el objetivo de mejorar los sistemas y establecer semejanzas y diferencias entre ellos.
  • Permiten una lectura sociopolítica.
  • Analizan el nivel de habilidades necesarias que han adquirido los estudiantes para participar plenamente en la sociedad, centrándose en dominios claves como la lectura, las ciencias y las matemáticas.
  • Miden si los estudiantes tienen la capacidad de reproducir lo aprendido; transferir sus conocimientos y aplicarlos en nuevos contextos académicos y no académicos; identificar si son capaces de analizar, razonar y comunicar sus ideas eficientemente y si tienen la capacidad de seguir aprendiendo durante toda la vida.

 

La relevancia de PISA se debe saber contextualizar y complementar. Según Ismael Palacín, director de la Fundación Jaume Bofill, “las evaluaciones externas como PISA se deben utilizar con el fin de tener información del sistema –no para sancionar–, al tiempo que se combinan con evaluaciones multinivel: del sistema, del centro, del profesor, del alumno”. Otras evaluaciones internacionales externas pueden ser: TALIS, PIACC, PIRLS-TIMSS, etc.

 

Hay que entender el éxito finlandés como un referente, del que podemos extraer indicadores y/u orientaciones que ayuden a mejorar el propio sistema educativo. Según Xavier Melgarejo, experto en el sistema educativo finlandés y del ámbito de dirección de centros educativos, “Finlandia ha sido un laboratorio de ensayo de excelencia educativa del que podemos aprender mucho”.

 

Según Melgarejo, las principales claves de éxito del sistema educativo del país escandinavo son:

 

  • Pirámide invertida de Administraciones. La Administración, con poder económico y de decisión, es cercana al ciudadano (local, regional, etc.). En consonancia, y regidos por una ley de educación prácticamente inamovible con los cambios de gobierno, los municipios son los titulares de las escuelas y aparecen asociados al rendimiento de cuentas. Los centros tienen autonomía para elegir el programa de estudios más adecuado a las necesidades de su alumnado. Estamos, como explica este experto, ante un “modelo descentralizado y no hay un cuerpo de inspección, hay confianza en las autonomías de centro”.
  • Currículum abierto y flexible. Los Estados solo proponen un documento de mínimos, una guía muy breve, consensuada y de sentido común según las exigencias del país. Los centros adaptan el proyecto educativo a la propia realidad, bajo validación de la Administración cercana. “El cuerpo del currículum se diseña en el Gobierno central (10 %-15 %) y el resto se hace en el municipio y con el profesorado”.
  • Alto nivel de exigencia en la formación inicial. Disponer de un excelente expediente académico es condición sine qua non para acceder al Grado en Educación. El número de plazas es limitado, con un nivel altísimo de exigencia de finalización de los estudios. Por lo tanto, el éxito radica en un trabajo riguroso y constante durante el periodo en la universidad, que supone un sello de calidad, excelencia y dedicación.
  • Selección de profesorado y directores. Cada proyecto educativo precisa un perfil particular de dirección y profesorado. Por este motivo, la asignación de destinos y la promoción de dirección está vinculada a la individualidad.
  • Centros educativos abiertos. Las escuelas, en total interconexión con el entorno más inmediato, se convierten en espacios culturales, documentales, musicales y artísticos adecuados a la comunidad. La infraestructura y el modelo arquitectónico son creados a partir de la finalidad que requiere cada espacio en cuestión.

 

Para la sociedad finlandesa, la educación es el eje vertebrador del país; invertir en él supone una mejora del bienestar y un aumento de la competitividad y responsabilidad ciudadana. El propio Melgarejo no deja de repetir que “los finlandeses consideran que el tesoro de la nación son sus niños, y los ponen en manos de los mejores profesionales”. Es una mezcla de conocimiento y bienestar, que promueve “que haya una equidad y una gran implicación de los ciudadanos para una construcción ética y social del país”.

 

El dominio lingüístico es la razón de ser del país. Las creencias hacia la educación aparecen supeditadas por la triangulación individuo, escuela y sociedad. En este sentido, para la sociedad finlandesa es incuestionable que la familia sea la primera responsable de la educación de los hijos. A modo de ejemplo, es el país con más libros por habitante del mundo; todos son de propiedad pública y el acceso a las bibliotecas es abierto a todos, y padres e hijos van a leer “en familia”. Así pues, estamos ante un sistema educativo de gran “sentido común”, que prioriza la cultura, la lengua y las artes bajo el prisma del esfuerzo, la autonomía responsable y la actitud creativa socialmente comprometida.

 

Por otra parte, el informe del World Economic Forum 2012-2013 sitúa a Finlandia como el tercer país más competitivo del mundo. Así, sus directrices se dirigen a la concreción de la Agenda Europa 2010 y el avance hacia el Horizonte 2020, el nuevo programa europeo de investigación e innovación que promueve la educación y la formación como claves para crear estrategias de crecimiento inteligente, sostenible e integrador, en favor de la empleabilidad, la cohesión social y la compatibilidad, por una apertura cooperativa internacional.

 

Parece claro, pues, que este país nórdico es plenamente consciente de que la educación es fuente de progreso y un reflejo de su modelo de sociedad.