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A fondo
Es tiempo de emprender

Es tiempo de emprender

Se calcula que cada hora se crean más de mil nuevas iniciativas emprendedoras start-up y se observa que una de cada tres empresas existentes se ha creado hace menos de tres años. Las start-up están li­derando una revolución que transforma y renueva la economía mundial. De hecho, estas empresas son la esencia del mercado libre, ya que el nacimiento de nuevos negocios infunde nueva vida al mercado.

 

Emprendeduría e innovación. Estos dos términos se confunden a menudo porque en el mundo real no se sabe exac­tamente cuándo pasamos de la innovación a la emprendedu­ría. Por una parte, la innovación corresponde a un proceso más intelectual, más creativo, y se relaciona con el mundo de las ideas (tendríamos que entender de dónde provienen estas ideas y saber distinguirlas de las oportunidades). La emprendeduría, por otra parte, es un proceso más organizativo relacionado con el mundo de la acción.

 

Podríamos definir al emprendedor como una persona que per­cibe una oportunidad de negocio y encuentra los medios para perseguir esta oportunidad. Por lo tanto, para crear una nueva empresa es esencial comprender todas las actividades relacio­nadas con la percepción de nuevas oportunidades y la creación de organizaciones para aprovecharlas. El ámbito académico considera emprendedores a los directores de las empresas en sus primeros 42 meses de vida, que están en fase de desarrollo y que buscan mercados. Una empresa start-up es una empresa de nueva creación que tiene la capacidad de cambiar y crecer me­diante un modelo de negocio escalable. El término se popularizó durante la burbuja puntocom, época en la que se crearon un gran número de empresas vinculadas a Internet.

 

Evidentemente, una start-up necesita mucha implicación personal, una energía interior que lo movilice más allá de las actividades cotidianas.

 

El emprendedor se centra en la acción, pero también se tiene que fijar en los detalles, porque al fin y al cabo es el último res­ponsable del proyecto y no se puede permitir el lujo de delegar sus responsabilidades fundamentales en otras personas. Vale la pena enumerarlas:

 

  1. Identificar o crear una oportunidad.
  2. Idear un producto, un servicio o un proceso que satisfaga la ne­cesidad detectada en el mercado, de manera que aporte bene­ficios económicos.
  3. Poner en práctica los planes y las ideas, ejecutarlos y hacerlos realidad.

 

También cabe destacar el concepto de intraemprendeduría, muy extendido en el ámbito de las organizaciones internacionales. Podemos definir a los intraemprendedores como emprendedores dentro de una organización, porque son capaces de crear nuevas empresas desde dentro de la empresa en la que trabajan, nor­malmente en sintonía con ella compartiendo riesgos y beneficios. Algunos ejemplos de organizaciones que promueven la intraem­prendeduría son 3M, con Post-It Notes; Intel o Google, con Google News, AdSenses o Gmail.

 

Cómo te puedes convertir en un emprendedor

 

El mito de un emprendedor con ciertas cualidades innatas está muy extendido en nuestra sociedad, pero lo cierto es que no solo se trata de cualidades, sino más bien de una actitud natural que le permita crear e impulsar proyectos. Este mito es muy notable entre los profesionales técnicos, quienes han adquirido un cono­cimiento muy específico durante muchos años de estudios uni­versitarios y, después, han dedicado mucho tiempo a estar al día de los cambios que tienen lugar en su materia. Ni se les pasa por la cabeza la idea de aprender otras cosas nuevas.

 

Hay otros profesionales que se les han adelantado en este senti­do. A diferencia de antes, hoy en día es frecuente que abogados, programadores o ingenieros funden nuevas empresas a partir de sus propias ideas. Estos colectivos son los pioneros en explotar las ideas de otros. Un ejemplo es el ámbito de la salud: se pueden hacer innovaciones, pero a menudo no son los médicos quienes las encabezan sino aquellos, que detectan las oportunidades que los médicos dejan encima de la mesa, porque su mundo cientí­fico los absorbe totalmente. Es interesante ver la enorme canti­dad y calidad de las publicaciones procedentes de la comunidad médica, pero cuando comparamos estos datos con el número de patentes o de empresas que se han creado a partir de estas ideas nos damos cuenta del potencial que todavía queda para la em­prendeduría. Quizás ha llegado la hora de cambiar y recoger el fruto de estas ideas, ser más conscientes del valor que tienen y adoptar una actitud más proactiva para hacerlas realidad.

 

Muchos profesionales están llenos de dudas sobre si tienen que dejar su trabajo para convertirse en emprendedores, pero la res­puesta es que en absoluto, aunque siempre hay matices. Simple­mente tienen que estar rodeados de las personas adecuadas. Las iniciativas emprendedoras no nacen de los esfuerzos de una sola persona, sino que son los equipos quienes las hacen realidad. Los profesionales técnicos que detectan un problema y ven una opor­tunidad tienen que conocer el mundo de los negocios, sin duda. Sin embargo, si son capaces de ejercer un liderazgo conceptual y se pueden rodear de un equipo de personas que ya disponen de esos conocimientos y que les permiten hacer realidad una idea, son los más adecuados para sacar adelante esta idea de su sector.

 

En Europa pasa a menudo que los emprendedores desarrollan una idea, intentan encontrar financiación y, finalmente, buscan un buen equipo para ponerla en práctica (en este orden). En cambio, en los Estados Unidos, donde la actividad emprendedora es más eficaz, los emprendedores desarrollan una idea, encuen­tran un buen equipo y, después, buscan financiación. Primero, el equipo. Este es el modelo de innovación que nos hace falta, por­que resuelve las deficiencias que puedan tener los profesionales. Cualquier profesional puede detectar una oportunidad e ilusiona a las personas que buscan este tipo de reto para que saquen ade­lante el proyecto y lo hagan realidad. Si la idea y el equipo son buenos, los profesionales de otras disciplinas vendrán y espera­rán con nosotros a que llegue la financiación. El conocimiento “completo” no se alcanza nunca, pero esta es la manera de salir adelante. Cuando estamos convencidos de que es el momento de hacer nuestra la idea, rodearnos de un muy buen equipo puede marcar la diferencia.

 

De todos modos, siempre es una buena idea explorar sectores di­ferentes de aquel en el que se trabaja habitualmente. Las buenas oportunidades suelen encontrarse en los márgenes donde se so­lapan diferentes disciplinas. Un ejemplo de ello son profesionales como ingenieros, médicos o personas creativas, que hacen en su vida lo que les gusta pero que continuamente se encuentran con problemas y oportunidades y deciden aprender cómo funciona el mundo de los negocios.

 

En los últimos años ha habido un crecimiento significativo del nú­mero de profesionales que han decidido cursar un máster en ad­ministración de empresas o un máster en emprendeduría e in­novación como complemento a sus estudios, sin tener realmente la intención de dejar de ejercer su profesión. Conozco muchos que lo han hecho, incluso yo misma, y entiendo por qué. Es enrique­cedor conocer mejor la dinámica de la economía en la que tra­bajan. Evidentemente, no todos los profesionales tienen que pro­fundizar en esta materia, pero sí que hay una parte de ellos que se preocupa por estas cuestiones y que está demostrando más que nunca que como profesionales quieren ser los protagonistas de la innovación y el emprendimiento en su sector, tal como han hecho anteriormente otros profesionales.

 

* Patricia Sáez – Profesora ayudante de ADE en la UIC. Artículo publicado por primera vez en B-UIC