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Cambridge, E.U.A.
José Ahedo - Arquitectura, 2005
“Hay que trabajar duro en la mejor opción que surja en cada momento”

“Hay que trabajar duro en la mejor opción que surja en cada momento”

José Ahedo (Arquitectura 2005) nació en el País Vasco y se crio en Navarra. Tras graduarse, colaboró en varios estudios de arquitectura de Barcelona. En 2010 acabó el Máster en Arquitectura en la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard. Ahora, nos cuenta, viaja “por el mundo realizando una investigación sobre diseño y espacio doméstico en sistemas rurales ganaderos”, después de haber recibido el Wheelwright Prize 2014.

 

Decidí estudiar Arquitectura sin saber muy bien qué elegía, y encontré un universo apasionante. Desde el principio me fascinó el hecho de que ésta es una disciplina híbrida, es decir, que requiere tanto de un componente artístico como de un componente técnico. Y en un mundo tan específico como el actual, esta confluencia entre arte y técnica será cada vez más importante en el aspecto formativo y en el profesional.

 

Tuve mucha suerte de estudiar en UIC Barcelona. Aquí encontré una escuela que daba sus primeros pasos, lo que tuvo unas ventajas enormes. Trabajábamos siempre en grupos pequeños y todo era muy cercano, tanto entre los alumnos como con el profesorado, formado por unos profesionales brutales. Además, a todo esto había que sumarle un optimismo generalizado por lo que allí se estaba gestando. El 2000 fue un gran año para aterrizar en UIC Barcelona.

 

Al acabar la carrera, encontré trabajo en un despacho de arquitectura a los dos días, literalmente. Pero soy consciente de que la situación ha cambiado para los recién graduados, que tienen ante sí un escenario mucho más complejo. Aunque no todo es negativo para ellos: deben estar atentos a posibilidades laborales menos convencionales, que las hay, para convertir lo que pudiera parecer un lastre en una oportunidad de salir del canon de esta profesión.

 

De hecho, ni siquiera es necesario que los proyectos de un graduado en arquitectura estén completamente relacionados con esta disciplina. Al menos yo lo siento así. Y es que ésta es la gran belleza del mundo en el que nos movemos, que no hay porqué dedicarse específicamente a lo que uno se haya preparado para hacer o estar atado a un lugar concreto. Se acabó, al menos en una parte del planeta, el paradigma de “si tu padre era herrero, tú serás herrero toda tu vida”.

 

Por otro lado, el hecho de encontrar mi primer trabajo tan pronto no se debió a algo planificado. Ni hacía planes de futuro entonces ni los hago ahora, porque siempre he considerado que lo adecuado es trabajar duro en la mejor opción que haya surgido en cada momento. Si no, te acabas encasillando, ya que de manera casi inconsciente terminas haciendo siempre lo que es más fácil para ti. Por eso, mi idea es la de tener varias “vidas profesionales”; en mi lista de posibles proyectos futuros hay en este instante 137 entradas.

 

Ahora estoy viajando por el mundo realizando una investigación sobre diseño y espacio doméstico en sistemas rurales ganaderos, una oportunidad que surgió a raíz de ganar el Wheelwright Prize en 2014. Por lo que puedo ver en mi investigación, pese a que desde el siglo XIX, debido al proceso global de urbanización, el campo es un gran olvidado, se va a reposicionar de nuevo y pasará a ser uno de los grandes protagonistas de la mecánica global y debería serlo también de la arquitectura. Esto tiene una explicación: en el siglo XXI habrá la necesidad de alimentar a nueve mil millones de personas.