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Berkeley, California
Marta Delgado - Arquitectura
“La arquitectura de hoy: platos para todos los gustos, poco de nutrición”

“La arquitectura de hoy: platos para todos los gustos, poco de nutrición”

Marta Delgado (París, 1994) terminó el Grado en Arquitectura en UIC Barcelona School of Architecture en el año 2017. Completó su paso por nuestra escuela con una estancia en la prestigiosa ETH de Zúrich, donde recibió clases de cognición aplicada al diseño. Terminada la carrera, decidió estudiar un Postgrado en Salud y Armonía del Hábitat en la Escuela Sert de Barcelona. “Antes que en los espacios, siempre he tenido interés en las personas; en comprender quiénes somos y cómo satisfacemos nuestra necesidad de bienestar y felicidad”, asegura. Acaba de obtener una beca de ‘la Caixa’ para poder cursar sus estudios de postgrado en la Universidad de Berkeley (California), de aquí al año 2020. Además, su nombre está detrás del proyecto archiimpact.com, un espacio de difusión y análisis en torno al impacto de la arquitectura en nuestras vidas, en el que ya tiene más de una treintena de artículos firmados por colaboradores de prestigio.

 

Estos últimos meses Marta Delgado ha viajado por Asia. Desde la India, donde se encuentra actualmente, nos habla de su visión de la universidad, la arquitectura y sobre su inminente nueva etapa en los Estados Unidos. Y empezamos con una cuestión: ¿Por qué Arquitectura?

 

Siempre quise contribuir a la calidad de vida de las personas y debió ser entorno a los 15 años, cuando tomé conciencia de que los entornos construidos definen la realidad en que vivimos y nuestras posibilidades de comportamiento, interacción, socialización, etc. Me parecía que los arquitectos tenían la enorme responsabilidad de crear el marco de la vida de la gente, y me pareció un reto interesantísimo, del que quería formar parte.

 

Así que miré varias universidades y al final decidí estudiar en UIC Barcelona School of Architecture porque me interesaba una formación personalizada, con proximidad al profesor y con asignaturas nuevas. Además, veía que aquí había clases y materias que no encontraba en otra universidad. Y, sinceramente, estoy muy contenta de la elección que hice en su momento: aprendí, sí, cómo se debe enfocar y desarrollar un proyecto, qué energía y ética hay que ponerle y cómo se trabaja en equipo; pero, sobre todo, aprendí a pensar más allá. A soñar, imaginar y tomar retos que salen de los roles tradicionales del arquitecto. En este sentido, pienso que la profesión está muy dirigida al aspecto visible de las construcciones y los espacios, y me interesa una visión de la arquitectura que se centre en todas las percepciones y en el bienestar de las personas. Es aquello que decía el Principito, el personaje de Saint-Exúpery: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

 

Es por esto que eché un poco de menos que me hablasen más de conceptos como percepción, de emociones, de cómo las personas sienten los espacios y de qué es la experiencia de la arquitectura, etc. Algunos profesores lo intentaron, pero creo que la profesión y por consiguiente la manera de enseñar arquitectura aún es muy objeto-céntrica.

 

Así fue que, con Sergi Viñals, compañero de estudios, decidí crear una plataforma para hablar desde otro punto de vista: archimpact.com. “Impacto”, en el sentido que queríamos hablar de cómo influye (impacta) la arquitectura sobre el ser humano. No queríamos que fuera una especie de “coto cerrado”, sino conectar con otras personas con los mismos intereses y a la vez tener una motivación para empezar a escribir sobre estos temas y difundirlos. Creamos un evento que nos llevó a conocer otras personas que ya trabajan o investigan en estas ideas y que participaron o siguen participando en el proyecto.

 

Ahora, todos estos conocimientos que he ido adquiriendo, espero poder aplicarlos en el postgrado que voy a hacer en Berkeley: un máster de investigación en Arquitectura que toma materias de distintas facultades y en el que tienes que acabar planteando una investigación transdisciplinaria. La línea que me gustaría seguir, espero relacionarla con encontrar evidencias empíricas de la influencia positiva en el cerebro de ciertos aspectos de los entornos construidos. Allí podré aprender más sobre control de la calidad ambiental interior de los edificios, biología y neurociencia, entre otras cosas. Porque, sinceramente, creo que la ciencia y la arquitectura pueden –y deben– relacionarse. A través de la investigación se pueden evaluar de manera concreta los resultados psicofisiológicos que las condiciones ambientales nos producen.

 

Para hacer un símil: si la comparamos con la cocina, diría que la arquitectura hoy en día sabe hacer platos para todos los gustos, pero sabe poco de nutrición, es decir, el conocimiento científico sobre lo que necesita nuestro ser para sentirse bien y desarrollarse completamente.

 

Creo que los avances tecnológicos y científicos van a cambiar la manera en que se hace arquitectura. Con el conocimiento científico adecuado y la ética del bienestar integral será una oportunidad para mejorar muchísimo nuestra calidad de vida y la experiencia personal y colectiva.

 

Y una recomendación…

 

Difícil. Al nuevo graduado le diría que va a disfrutar mucho, en esta carrera…; y a sufrir, también mucho. Sea como sea, me parece importante que sepa que no todos los arquitectos acaban haciendo el papel tradicional de tener despacho y obras a menudo. Eso sí: acabe lo que acabe haciendo, en esta carrera aprenderá actitudes y herramientas muy importantes para cualquier proyecto personal o profesional.