Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización. Puedes cambiar la configuración y obtener más información. Más información
Básicos / Cine
Ernest et Célestine: a lo Chaplin

Ernest et Célestine: a lo Chaplin

Un día me propuse ver una simple película de dibujos animados y me encontré con una de las piezas del séptimo arte que mejor comprende y ama al resto de los seis artes. 

Ernest et Célestine es la adaptación cinematográfica de la colección homónima de cuentos infantiles escritos e ilustrados por Gabrielle Vincent, con los que han crecido los niños en Francia desde 1981. Mientras que en España ha pasado sin pena ni gloria por las salas cinematográficas, en el país galo los nostálgicos han llenado las salas. Se agradece que de vez en cuando haya autores que apuesten por hacer películas originales, alejadas del producto comercial.

 

Cuenta la historia de una amistad imposible entre un oso y una ratoncita. Ernest es un oso que está destinado a ser juez, como su padre, su abuelo, su tío y su tío-abuelo; pero él quiere ser actor de teatro, músico y cuentacuentos. Célestine es una ratoncita que se niega a ser dentista –el destino de todos los ratones, si quieren cuidar lo más preciado para poder alimentarse–, porque lo que le gusta es dibujar. Esta entrañable pareja de solitarios e incomprendidos causarán un gran revuelo en un mundo guiado por los prejuicios y la intolerancia. Conociendo a estas dos almas sensibles descubres que los problemas más grandes se pueden resolver con las preguntas más simples.

 

Nos encontramos ante una película elaborada de manera tradicional, casi artesanalmente; en la que lucen las acuarelas originales. El precioso guión de Daniel Pennac recuerda a las mejores películas de Chaplin, tanto por el humor slapstick de “golpe y porrazo” como por la ternura del patetismo y el drama. La relación entre los protagonistas recuerda a la de Chaplin con Coogan en la película El chico (The Kid, 1921).

 

En total son ochenta minutos de magia que satisfarán mucho a los pequeños y a los mayores, que tendrán la oportunidad de ser niños por un rato. La estética simple y elegantísima, la música, la poesía, el amor por el arte, el carisma y la sencillez consiguen que esta película se cuele en el interior de los corazones más duros.