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Básicos / Lecturas
Transido de distancia, Xavier Escribano

Transido de distancia, Xavier Escribano

El título guarda relación con “Mientras tú existas”, un poema de Ángel González que termina declarando:

 

“transido de distancia / bajo este amor que crece y no se muere / bajo este amor que sigue y nunca acaba”.

 

Esta sentencia lírica, grabada en el pórtico del libro de Xavier Escribano, profesor de la Facultad de Humanidades (UIC Barcelona) ejerce una fuerza especial en todas las secciones en las que divide sus propios versos. La palabra “transido”, que el diccionario define como “angustiado o afectado por algo que causa dolor físico o moral”, plana por sus páginas, y transidos de angustia se presentan muchos de sus versos.

 

No obstante, es el elemento de la “distancia” la clave para acceder a lo que yo considero más profundo del libro, porque esa distancia, y el yo del poeta transido por ella, nos hablan de una separación espacial, pero también de una densidad temporal como un pasado que retorna y un futuro, alado, que guiña un ojo. Esa distancia tiene además implicaciones en la escisión del yo, hay una vivencia dicotómica en la que se separan dos identidades: una que sigue un impulso interior y una que vive en la renuncia. El diálogo entre esas escisiones es a veces irónico y hasta cruel con el que habita la rutina de la espera, el que siente nostalgia de lo no nacido como un punto de inflexión que ha de ser su sombra hasta el sepulcro.

 

El libro de Escribano llama también la atención por su irregularidad formal: los poemas tienen unos temas comunes, pero se expresan de maneras muy distintas, como si estuvieran hechos al calor de emociones dispares. Tenemos textos en verso y textos en prosa; poemas de solo tres versos y poemas que ocupan varias páginas; algunos textos con título, otros sin él; hay versos de una sílaba y versos de veinte, haciendo del poemario un conjunto polimétrico; en unos las ideas se expresan de manera contenida, casi como un haiku, y en otros, hay todo un arsenal de imágenes que se despliegan ante el lector con todo su colorido y detalle.

 

En el primero de los textos poéticos en prosa, Escribano nos hace una declaración de intenciones, como si se tratase de un aviso para que nos fijemos en el subtexto de sus versos, porque una lectura precipitada nos podría conducir a creer que en su literatura solo hay tristeza, dolor, desasosiego. En cambio, en esa profundidad hay también espacio para ese “pequeño legado de luz”:

 

Decir, quizás gritar, lo que hemos comprendido del misterio, antes de morir. Transmitirlo secretamente mientras tomamos un café, escribirlo en una libreta paciente, convertirlo en poema, o bien cantarlo. Dejar un pequeño legado de luz, y por tanto, no sólo sombra, desatino, fracaso, sino voz, pensamiento y gestos para una danza amable, llena de agradecimiento y proclive al amor.

 

Tanto es así que podríamos decir que uno de los temas más sobresalientes en su libro es el amor, un amor que unas veces es humano, otras veces es espiritual y muchas otras, ambas cosas a la vez. Tiene poemas que se desarrollan en medio de la rutina y la cotidianeidad más urbana y, entre todo ese mundanal ruido, es capaz de abrir una brecha a la trascendencia, por ejemplo, recibir la visita de una comisión de ángeles o simplemente hablar de las pequeñas cosas, cargando de significado lo que a simple vista nos puede parecer insignificante.

 

Con su escritura eleva la minucia (la hoja caduca del suelo, la hormiga, el aullido de un perro) a la sacralidad de la oración. Transido de distancia es un canto a la vida sensible, a la vida que busca conectar con el mundo, con el prójimo, con uno mismo y con la trascendencia, aunque escoja lugares aparentemente inverosímiles para ello.

 

En definitiva, recomiendo la lectura de Transido de distancia (ed. Devenir, 2017) a toda persona con sensibilidad para apreciar la profunda belleza de lo efímero y para conectar con los distintos y distantes lugares que hemos habitado y que habitamos en el mapa de nuestra identidad.