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Básicos / Lecturas
Y eso fue lo que pasó. Natalia Ginzburg

Y eso fue lo que pasó. Natalia Ginzburg

Natalia Ginzburg (Palermo, 1916 – Roma, 1991) creció rodeada de hermanos bastante mayores que ella. Cuenta en un artículo titulado “Mi oficio” que cuando era pequeña siempre la mandaban callar, por lo que tuvo que acostumbrarse a decir las cosas deprisa y con pocas palabras para captar la atención. Este rasgo contagió su escritura y una muestra es su obra Y eso fue lo que pasó, escrita en 1947 y publicada por Acantilado en 2016. “Le pegué un tiro entre los ojos”, leemos en la primera página. Con esta concisión y crudeza arranca una breve novela que se lee de corrido y nos atrapa a pesar de que conozcamos el desenlace desde el principio.

 

La autora de ese disparo es una mujer que lleva años soportando la infidelidad de su marido Alberto, a quien mata en el acto. Pero resultaría muy simple afirmar que esta sea la única causa que nos conduce a ese final. Durante las horas inmediatas al asesinato acompañamos a la protagonista en sus dudas sobre qué hacer a continuación y, sobre todo, en su mirada atrás desde que conoció a Alberto hasta ese día. Una confesión de una mujer atormentada por la soledad y la imposibilidad del amor y la felicidad. Natalia Ginzburg la rodea de una serie de personajes complejos que aportan un contrapunto claro a la protagonista, pero en los que ella tampoco encuentra un modelo de vida que le apetezca imitar.

 

Un punto fuerte de la novela es su estilo. La narración está compuesta por frases muy cortas y apenas hay comas y otros signos de puntuación. El estilo es coherente de este modo con el propio argumento. El testimonio de la protagonista se presenta más desnudo y crudo gracias al ritmo de la narración. En ese sentido, la novela es un buen ejemplo para lectores que quieran mejorar su escritura y practicar la claridad de sus textos. De hecho, la propia autora reconoce que planteó la novela a modo prácticamente de un ejercicio de estilo. Redactó la frase antes citada y después se dejó llevar para comprobar cuál era el rastro de ese disparo.

 

El resultado, como vemos, es una novela triste, escrita en un periodo difícil de su vida. Solo tres años antes su primer marido Leone Ginzburg, a quien dedica la obra, fue asesinado durante la Segunda Guerra Mundial. Esta tristeza no provoca que su lectura sea menos recomendable. Al contrario. Ginzburg reconoce que los autores no siempre escriben las novelas que les gustan, sino que en muchas ocasiones están inclinados a narrar historias que no gustan en absoluto. Estos relatos, en cambio, al conducirnos por calles oscuras son los que hacen tocar acordes secretos.