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Entrevistas

/ Carla Gracia

Carla Gracia: Un proyecto largo te pone un espejo delante

"Un proyecto largo te pone un espejo delante"

“Si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada”, decía Nietzche. En El abismo: Todos tenemos un motivo para caer, Carla Gracia, la escritora y profesora de UIC Barcelona y del Laboratori de Lletres, se hace eco de sus palabras.

 

La sinopsis de la novela es de lo más sugerente. Octavi Fontseca vive nadando en un vaso de whisky. El que había sido un escritor de éxito, se encuentra en las horas más bajas de su existencia. Sin ánimo ni criterio, sin inspiración ni referentes emocionales, acepta un soborno por parte de su editor, un oportunista que, aprovechándose de su fragilidad, le presiona para que ponga su nombre en el manuscrito de un escritor fantasma. Así se pone en marcha una concatenación de desgracias que poco a poco abocan a este personaje al abismo.

 

Después del éxito de la novela histórica Siete días de Gracia, Carla Gracia construye en El abismo una historia con un trasfondo psicológico de crítica social sobre la personalidad, las apariencias, la manipulación y el fraude.

 

¿Cuáles son tus influencias literarias más cercanas?

 

Lógicamente, leo mucho y yo diría que son bastantes los autores que han influido en cómo he escrito El abismo. Paul Auster, por ejemplo, me ha influido en la parte más abstracta del libro. Georges Perec me ha ayudado en la adjetivación de las palabras, John Benville en la prosa poética y Benjamin Black, el alter ego de Banville, en la parte más de novela negra.

 

¿Cómo te inspiras?

 

A la hora de trabajar los personajes y las historias lo que más me inspira son las cosas que veo, que no digiero, a veces, del mundo real. Es mi granito de arena: el hacer reflexionar, sentir y que el lector se plantee que el mundo puede ser un poco distinto. Cada decisión que tomamos influye en nuestra vida.

 

Hay un momento en que Octavi, el protagonista, dice que, si no hubiera tenido una infancia infeliz, no sería escritor.

 

Pienso que los escritores somos muy sensibles y vivimos la vida de un modo muy intenso. Una intensidad a veces dramática y que necesitamos conducir de algún modo. La escritura nos libera de este peso de las emociones. Por esto, a mí me parece que ahora los escritores hacemos un poco de reflexión sobre el mundo. Algunos nos planteamos nuestro trabajo como esta necesidad de escarbar en las profundidades del mal también para poder verlo de frente, para poder confrontarlo y cambiarlo.

 

¿Algo así como una terapia? Por lo menos, lo que comenta el padre del protagonista a su hijo parece que va en esta línea: “Hay cosas que hay que escribir para que no se te pudran dentro”.

 

Por supuesto: la escritura es una terapia. Sin ninguna duda. He trabajado con muchos grupos de escritura en hospitales, con personas con cáncer o que han sufrido violencia de género. Son situaciones muy complicadas. La escritura ayuda a liberar esas angustias para que no se pudran. Aunque, más allá de esto, supongo que el salto del escritor es entender que ya no hablamos solo de nosotros, sino de algo que construirá el mundo, porque lo que leemos y dejamos aquí es parte de cómo nos narramos a nosotros mismos como seres humanos. Entonces, trabajar así es otra cosa: no es lo mismo escribir para uno mismo que escribir para el mundo.

 

¿Podemos decir que el plagio ha sido uno de estos ‘traumas’ a superar con la escritura?

 

Bueno, seguramente… Cuando escribí Siete días de Gracia, una persona me plagió. Yo cogía el mundo editorial con mucha emoción, con el corazón abierto. Venía del mundo de la empresa, un mundo muy duro. Vas al mundo de la escritura por pura vocación y piensas que ahí las cosas serán distintas, pero no es así. Te das cuenta de que es un mundo industrial como cualquier otro y que tiene sus juegos. Al principio, el plagio me dolió; pero cuando me recuperé, me pregunté qué era lo peor de la situación.

 

Entonces nació El abismo.

 

Realmente, lo peor es alguien que necesite las ideas de los demás, porque yo ya tendré otras. ¿Cómo se va a dormir pensando que ha copiado las ideas de otro más creativo? Tiene que ser un peso terrible y me pareció interesante explorarlo y liberarme a través de esta exploración.

 

¿Es más habitual de lo que pensamos en la industria editorial?

 

Es muy habitual. Más que el plagio, el no entender que con un libro estás vendiendo una identidad al público lector. Si una persona pasa cuatro notas a un escritor para que desarrolle el libro, dicho autor también debe figurar, porque si no, estás engañando al lector.

 

La mayoría de premios son casi siempre a autores que conocemos mucho.

 

Creo que solemos coger a dos o tres escritores y los encumbramos. Creo que hay un entramado que podríamos mejorar como industria, simplemente buscando nuevas voces o potenciando voces antiguas que a veces olvidamos y que son grandes escritores y escritoras.

 

El apoyo editorial es fundamental, entonces.

 

Si no estás en las novedades en las librerías durante un tiempo sostenido y no hay una campaña de comunicación detrás, no vas a vender, por muy interesante que sea el libro, porque el lector no te ve. Los que están arriba van a permanecer arriba si las editoriales quieren. Con los escritores noveles lo que pasa es que es muy fácil que empiecen, pero no tanto que les publiquen un segundo libro. La novedad siempre vende y es más barato un autor nuevo que uno que ya ha publicado. Los que están en medio son los que encuentran más dificultades.

 

Supongo que a muchos escritores les preocupa la falta de inspiración.

 

A menudo no es la falta de inspiración lo que preocupa, sino cómo poner en marcha las ideas que tienes y cómo escoger bien los proyectos que quieres sacar adelante. Tienes que tener en cuenta que puedes estar varios años para escribir un libro. A mí, El abismo me llevó cinco años. Por esto, es importante que la historia que escribas te diga algo: que te conmueva personalmente. No obstante, es lógico que llegue el momento en el que te preguntas si vale la pena seguir adelante y, entonces, se pone a prueba tu perseverancia como escritor. Siempre digo a mis alumnos que escribir una novela es como casarse. Lo que te da más frutos es comprometerte, porque es cuando salen cosas inesperadas y profundizas. Un proyecto largo te pone un espejo delante.

 

¿Cómo escoges al final las ideas que plasmas en papel?

 

Yo siempre apuesto por esas ideas que no te puedes sacar de la cabeza, esas que te persiguen. Al final, no te queda otra que dejarlas crecer.

 

¿Cuáles crees que son las claves para no perder el rumbo?

 

Escribir todos los días es fundamental. Mantenerte conectado con la historia y observar el mundo. A escribir se aprende escribiendo.

 

¿Con qué mensaje quieres que se quede el lector después de leer El abismo?

 

A mí me gustaría que, cuando terminara el libro, se sintiera conmovido y frustrado, que se preguntara por qué la vida es así, y que esto le llevara a cierta luz de convicción interna de decir: “Yo no voy a dejar que mi vida sea así”.