Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización. Puedes cambiar la configuración y obtener más información. Más información
Entrevistas

/ Pilar Fernández Bozal

Pilar Fernández Bozal: Crear confianza es una de las cualidades que más se valora en un abogado

"Crear confianza es una de las cualidades que más se valora en un abogado"

Hija de Barcelona, Pilar Fernández Bozal (1963) es licenciada en Derecho por la Universidad de Barcelona (1986): “Yo era buena estudiante y disfruté mucho la carrera”. Y de ahí, a las oposiciones: “‘Oposita que algo queda’, dice el refrán…; y creo que es un afirmación totalmente cierta. Te da algo que el grado no puede: la visión transversal e integrada de todo el derecho”. Así, con ese ánimo, en 1991 sacó las oposiciones para el Cuerpo de Abogados del Estado, a lo que dedicó su profesión durante dos décadas, primero en Teruel y, después, en Barcelona, donde alcanzó la jefatura de la Abogacía del Estado en Cataluña, en 2007. Hasta 2011: dejó la carrera administrativa para ejercer, por dos años, el cargo de consejera de Justicia de la Generalitat de Catalunya, como independiente. Tras ese período, se incorporó en el equipo de abogados de una de las Big Four, Ernst & Young (EY), “en la que cumplo cinco años trabajando como socia responsable de Derecho Público y, desde hace unos meses combino con el decanato de la Facultad de Derecho: un reto y un honor”. Todo empezó por una pasión: la historia de Roma…, después de una batalla con Grecia…

 

… una batalla que empezó en uno de los últimos cursos de bachillerato. Mi afición a la historia de Roma me llevó a interesarme muy pronto por el derecho. Me parecía apasionante –todavía hoy me lo parece–, su organización social y cultural; esa pasión me ayudó a entrar en el mundo del derecho. Pero, durante el bachillerato entró el griego clásico en mi vida: me fascinó y me ocasionó una gran crisis de vocación jurídica. Al final, tras sopesarlo mucho, Roma ganó la batalla a Grecia.

 

Y ahora, el camino le ha llevado a ser decana de una facultad de Derecho.

 

Sí, la vida te va guiando por senderos que no preveías, y esta es una nueva experiencia en mi vida profesional que supone todo un reto para mí. Yo creo que la dedicación a la formación nunca debe ser descuidada por el profesional liberal, por lo que hay que ayudar a los jóvenes prometedores, a nuestros líderes del futuro; por eso, es un gran orgullo que la Universidad haya pensado en mí para dirigir la Facultad de Derecho.

 

En esta trayectoria, ¿qué acontecimientos marcaron más su etapa universitaria?

 

El punto de inflexión se produjo en cuarto, cuando decidí preparar oposiciones a la Abogacía del Estado. Me atraía mucho el ejercicio libre pero necesitaba tener la seguridad de que mi preparación era completa. Valorando opciones consideré que esa preparación solo me la proporcionaba la Abogacía del Estado, por reunir en el temario tanto derecho privado como derecho público. En quinto de carrera conocí al que después sería mi preparador hasta que aprobé y me aconsejó que estudiara las asignaturas de ese curso utilizando los temas de la oposición. Así lo hice, y ahí empezó todo.

 

No tiene que ser fácil tomar una decisión así.

 

No. Por eso, siempre animo a mis alumnos a que tengan paciencia y disciplina con ellos mismos. Entrar en el mundo jurídico no es sencillo; se trata de algo absolutamente nuevo, abstracto, con un lenguaje técnico y específico que el estudiante nunca ha utilizado con anterioridad y se requiere cierto esfuerzo y tiempo para adaptarse y entenderlo. Si se superan las barreras iniciales, es un mundo apasionante que nunca más te abandona.

 

Pero después están las otras barreras, las del mundo profesional: ¿qué esperan los despachos de abogados de los actuales graduados en Derecho?

 

Yo lo veo todos los días en nuestro despacho, y lo que esperamos es gente madura y comprometida, que entienda la dificultad del ejercicio diario de la profesión y los sacrificios que supone. Ejercer la abogacía no es sinónimo de vivir bien, sino de sacrificio permanente, y requiere disciplina y entrega. Y, a la vez, tiene que ser consciente de que necesita formación continua: el mercado es cada vez más exigente con la profesionalización, ya que el entorno jurídico cambia de manera incesante y exige una adaptación permanente.

 

Estudio constante…

 

Sí. Y esto va para cualquier alumno, de máster o de grado: les digo que estudien mucho, que aprovechen al máximo todas las oportunidades que tienen; que se reciclen permanentemente. Estar al día es fundamental.

 

¿Hacia dónde debe orientarse la formación universitaria del jurista para hacerle capaz de enfrentar los singulares retos que se asoman en el horizonte?

 

Hay que dar mucha importancia a la adquisición de competencias en el conocimiento y uso de las nuevas tecnologías; piensa que el ejercicio de la profesión se está transformando de manera intensa y una de las causas es la internalización de las empresas, que nos lleva a la necesidad de un mayor entendimiento de los negocios de nuestros clientes, a trabajar en red y de la mano de otras disciplinas y profesiones. En las grandes empresas ya no hay compartimentos estancos; las decisiones relacionan diferentes aspectos y las soluciones que buscan los clientes para sus problemas son integrales.

 

A todo esto, ¿qué aconseja a sus alumnos a la hora de orientarse en este mundo laboral?

 

Les aconsejo que se dejen aconsejar. Al ser pequeña, en nuestra Facultad se orienta al alumno de modo muy personalizado, y eso es un auténtico lujo del que todo estudiante se debería aprovechar. No obstante, no es menos importante que se escuchen a sí mismos y que sean realistas, decidiendo con seriedad la orientación de su futuro; eso es ser leal con uno mismo.

 

¿Les animaría a opositar?

 

¡Por supuesto! La oposición da algo que el grado no puede, que es la visión transversal e integrada de todo el Derecho, un conocimiento técnico profundo que se convierte en la mejor herramienta para el ejercicio de la profesión. Sin perjuicio de que todos nos acabemos especializando en un ámbito concreto con el paso del tiempo, ese conocimiento transversal no se pierde jamás, lo que, como profesionales, nos proporciona un valor añadido muy singular.

 

El problema es que, cuando has empezado este camino y, pasado un tiempo, descubres que no es lo tuyo y emprendes el de la abogacía, la sombra del máster obligatorio es como una amenaza…; ¿qué haría si hoy estuvieras en el trance de comenzar la oposición?

 

Se trata de una decisión difícil; ciertamente, ese problema antes no existía y es algo que se debería poder solucionar para no generar esa intranquilidad al opositor; por otra parte, se debería evitar a toda costa que los cuerpos de opositores sufrieran una pérdida por este motivo. Es por esto que, en nuestra Facultad, estamos trabajando para encontrar la manera de compaginar ambas cosas; es difícil, pero hay que intentarlo porque dejar una oposición tras cuatro o cinco años de preparación y tenerse que poner a hacer un máster de año y medio para ejercer la abogacía me parece un contrasentido.

 

¿Qué salidas profesionales tiene el empleo público que pasen desapercibidas y, a la vez, presenten una alta oferta?

 

Todas las oposiciones son una excelente salida profesional que no se debe descartar. Proporcionan un trabajo estable, muy interesante y orientado al servicio público. Las grandes barreras para aprobar una oposición se las pone uno mismo, no el sistema; si el opositor entiende eso, tiene una gran parte del camino hecho, por tanto todas son muy interesantes, hasta las que convocan pocas plazas, puesto que el número de firmantes casi siempre es proporcionado.

 

Por otro lado, se da por sentado que los despachos de abogados buscan graduados y másteres con un expediente académico brillante y un inglés excelente. ¿Qué “competencias blandas” se demandan, consciente o inconscientemente?

 

No, no: se demandan totalmente a consciencia. En las empresas, hay todo un equipo de recursos humanos que se ocupa de detectar estas soft skills, como se llaman. Y son importantísimas: por la necesidad de trabajar en equipo, y porque el profesional va a ser la marca de la firma a la que representa. Saber comunicar correctamente tanto oralmente como de forma escrita, saber relacionarse, la flexibilidad y la capacidad de adaptación, saber escuchar, facilitar soluciones, saber estar, la empatía…; son muchas y todas ellas juegan un papel importante en el ejercicio de la profesión. Al final, crear confianza es una de las cualidades que más se valora en un abogado, y un buen equilibrio de todas estas competencias facilita generarla.

 

Para ello, las relaciones humanas son esenciales. En parte, a eso tiende la creación de una red Alumni, ¿no?

 

Sí, por supuesto. Que nuestros antiguos alumnos mantengan un contacto con su alma mater es fundamental: su experiencia puede aportar mucho a los alumnos actuales y a la propia universidad y, a la vez, ellos siguen recibiendo mucho. Una red de Alumni potente es un gran tesoro que puede abrir un mundo de oportunidades a sus miembros; todas las grandes universidades la tienen, es fundamental. Alumnos y antiguos alumnos son nuestra razón de ser y esta ha de ser siempre su casa.

 

¿Qué es lo que le llena más de su quehacer cotidiano?

 

La posibilidad que te brinda la profesión de servir de ayuda a los clientes, sean personas físicas o jurídicas; ellos confían en tu criterio, tu asesoramiento. Se trata de una gran responsabilidad, pero también proporciona grandes satisfacciones; te sientes útil, es muy agradecido. Eso “engancha”; esta profesión “engancha” mucho… De verdad.