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A fondo
La arquitectura de los sentidos

La arquitectura de los sentidos

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a partir del año 2050, el 40% de la población europea tendrá más de 65 años. Cada vez es y será más mayor: gracias al avance de la medicina, en todo el mundo se incrementará el número de adultos mayores, y de personas con discapacidades y/o de movilidad y comunicación reducida. España es uno de los países del mundo donde vivirán más personas mayores. Ante esta perspectiva, ¿cómo enfocamos la arquitectura?

 

¿Puedo ir de visita a su casa? Como usuario de silla de ruedas desde hace más de treinta años sigo preguntado lo mismo. Desgraciadamente, la respuesta habitual sigue siendo “no”; pero si alguien cree que sí puedo ir de visita a su casa, entonces planteo otras cuestiones:

 

¿Puedo entrar desde la calle sin ningún escalón o resalte? ¿Puedo acceder al ascensor a pie llano o por rampa? ¿Y utilizar el ascensor en silla de ruedas? ¿Qué me dice de la posibilidad de entrar en su casa y acceder a la terraza sin escalón? ¿Podré visitar la cocina y el comedor? Y finalmente, ¿puedo utilizar el baño?… porque si no es así, ¡la visita será corta!

 

Aún no somos conscientes de que la arquitectura del siglo XXI es la arquitectura de la gente mayor. Hoy en día, la mayoría de familias españolas tiene personas que han superado los 80 años a su cargo, que quieren seguir haciendo una vida lo más autónoma posible, pero en cambio sus domicilios tienen unas características que no responden a sus necesidades de movilidad, comunicación y seguridad. Y no basta con cambiar la bañera por un plato de ducha, o la instalación de sillas salva escaleras que faciliten su uso, o de ascensores… Es importante tener un planteamiento global de la arquitectura. Pensando en la accesibilidad.

 

La accesibilidad figura, por tanto, entre los grandes temas a asumir por la sociedad en este siglo XXI. Es necesario, que sus requerimientos se incluyan en el programa de los estudios obligatorios de toda Escuela o Facultad relacionada con el diseño de nuestras ciudades y pueblos, productos, servicios, medios de transporte y/o sus respectivos sistemas de información/comunicación, para que sean mucho más amigables para las personas con problemas de movilidad. Y no me refiero solo a personas con algún tipo de discapacidad: ¿qué le pasa a una persona con 80, 90 años, con dificultades para valerse por sí misma, que no tiene su casa adaptada? No siempre resulta fácil realizar las obras necesarias. Apenas salen a la calle.

 

Con unos estudios sobre accesibilidad, se conciencia a todo estudiante y, por extensión, a toda la población, de la importancia y de los beneficios que conlleva el hacer la vida más accesible, al ser la accesibilidad no solamente una necesidad para las personas con grandes discapacidades, sino una ventaja para todo ciudadano.

 

La buena accesibilidad es aquella que pasa desapercibida para la mayoría de usuarios, y que tiene un coste económico bajo o nulo, al estar incorporada en el diseño original de todos los espacios, elementos, productos, servicios, etc. de nuestro entorno. Una de las nuevas medidas de la arquitectura accesible, por ejemplo, es la silla de ruedas scooter, con unas dimensiones máximas de 1,20 metros de largo, por 0,70 de ancho, que permiten diseños estandarizables y normalizados de uso habitual para todos; sin tener necesidad de crear soluciones especiales.

 

Con ello, hemos de ser capaces de, especialmente arquitectos y diseñadores, reinventar el sector de la construcción y fomentando la reforma y la rehabilitación. Pero no tiene por qué ser una reinvención: hace falta conocer la accesibilidad, dominarla y aplicarla con criterio utilizando todos los sentidos del ser humano: vista, oído, tacto, olfato,… y sentido común; para así conseguir que la arquitectura esté al servicio de las personas, tengan o no sus capacidades limitadas.

 

Y es que nuestras viviendas han de ser para toda la vida; tenemos que poder disfrutarlas ahora y a medida que pasen los años y a lo largo de las diferentes fases de la vida: acompañados o no; con niños, o a cargo de adultos; así como con la falta de oído, vista u otras capacidades que se van perdiendo con la edad; o, después de algún accidente o enfermedad, con silla de ruedas para nuestros desplazamientos. Tenemos que poder seguir viviendo en el mismo lugar sin tener que modificar o cambiar el diseño de su entorno.

 

Por lo mismo, los edificios de uso público han de tener unos mínimos requisitos de amplitud de pasillos, puertas y espacios, etc. Que permitan incorporar en su diseño olores, colores, texturas y sonidos, para que sus usuarios identifiquen fácilmente las diferentes estancias, de modo que puedan personalizarlas y se encontraran cómodos, seguros y confortables.

 

Que de esto se trata la arquitectura accesible, tan necesaria en los tiempos que corren.

 

* Enrique Rovira-Beleta Cuyás es profesor responsable del área de accesibilidad de UIC Barcelona School of Architecture. Artículo publicado en el número 5 de la revista en papel.