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Reportajes
Historia del puente de Gaudí que nunca vio la luz

Historia del puente de Gaudí que nunca vio la luz

Cualquiera que haya ido al Campus Barcelona o sus alrededores se habrá dado cuenta de la verticalidad del entramado de las calles de esa zona. El distrito de Sarrià-Sant Gervasi, y en concreto el barrio de la Bonanova, está formado por un haz de caminos verticales –unos que suben otros que bajan– y por un sinfín de calles sin salida que forman pasajes y rincones pintorescos, sin duda, uno de sus mayores encantos. Este es el locus del Campus, un lugar dividido por los arroyos y los torrentes que nacen en Collserola, y que son los causantes, precisamente, de esa verticalidad.

 

El 1 de agosto de 2006, hacía cien años de la entrega de un proyecto que quería dar solución, en parte, al problema de la verticalidad que hace que, a veces, los peatones y los vehículos se muevan como en un laberinto. En 1904 un grupo de veintisiete vecinos de la zona pidió un puente en su ayuntamiento, el de Sarrià, que aún no estaba anexionado a Barcelona. El puente debía salvar las distancias existentes entre las dos mitades de la calle Inmaculada –en aquella época calle de Santa Eulalia– justamente donde ahora se encuentra la entrada principal del Campus Barcelona de la UIC. Al final, todo acabó en agua de borrajas: una nada que tiene su explicación…

 

Gaudí, un arquitecto amigo de la zona

 

Los vecinos hicieron la petición en 1904, pero el Ayuntamiento, bien por negligencia o por el fallecimiento del arquitecto de la zona, como otros apuntan, los hizo esperar tanto que los vecinos lo encargaron a un arquitecto amigo suyo, Gaudí. Este homenot –como la llamaba Josep Pla– estuvo muy ligado al actual distrito por amistades y por profesión. De hecho, con un rápido vistazo en el distrito, se puede comprobar fácilmente.

 

Así, por ejemplo, en este distrito tenemos, entre otros proyectos ideados por el arquitecto de Reus, la enorme finca de los entonces nuevos ricos Güell, que cruzaba la actual avenida Diagonal, o la Casa Miralles, de la que hoy sólo se conserva la portada en Manuel Girona –calle que, dicho sea de paso, entonces era simplemente el camino de entrada a la finca Güell.

 

Un poco más arriba, en Sarrià, Gaudí proyectó en 1904 un chalet para Lluís Graner, un pintor paisajista con estilo parecido al del inglés William Turner. Su mejor época se dio en los alrededores de la Exposición Universal de Barcelona en 1888. El chalet se encontraba también en la actual calle de la Inmaculada –como el “puente”– el número 40 (hoy, 44-46), enfrente de las Escuelas Pías. Pero la caída de la economía del pintor hizo que sólo se construyera la puerta de la finca, icono de la faceta mística de Gaudí, como lo demostraban las tres entradas que tenía: una para las personas, otra para los coches y una más pequeña y elevada para los pájaros. Desgraciadamente, la puerta no se conserva.

 

Desde la casa Graner, caminando a cinco minutos, tenemos la Torre de Bellesguard, reminiscencia del Palacio Real de Martí I l’Humà, bautizado como Bellesguard, posiblemente, por el poeta y secretario del rey, Bernat Metge (1340 a 1430). Bellesguard –el belvedere italiano–  significa esto: bella vista, y es que desde la zona había –y todavía hay–  una vista excepcional de Barcelona y del Mediterráneo. Aquella finca fue testigo del matrimonio de Martí l’Humà con Margarita de Prades, ceremonia con prédica de San Vicente Ferrer. De las construcciones del rey no quedó piedra sobre piedra. En la actualidad, sólo quedan unos restos de muralla de la época, cercanos al acueducto construido también por Gaudí a los pies de la finca, justamente para que los peatones no pasaran por dentro de las propiedades de la viuda de Figueres, propietaria de la Torre.

 

Un puente innovador

 

Con todo esto, es fácil entender que los vecinos de la zona acudieran al arquitecto de la Sagrada Familia, al ver que por la “vía oficial”, la cosa no prosperaba. Ellos querían unir el acueducto del Bellesguard con la calle de Anglí, partiendo de lo que hoy es el Campus Barcelona de la UIC. De haber sido así, se habría conseguido una horizontalidad casi solo superada por el paseo de la Bonanova.

 

La época del encargo del puente fue la mejor para Gaudí, no en vano Daniel Giralt-Miracle, comisario del año Gaudí en 2002, decía en una entrevista recogida en La Vanguardia: “El puente [de Inmaculada] es un claro ejemplo del Gaudí global, capaz de construir cualquier cosa, y refleja el momento y el espíritu de la Sagrada Familia”.

 

REPORTAJE - JAVI QUINTANO - el pont de gaudí

 

El diseño se parecía bastante a los puentes y paseos elevados que había construido en el Parque Güell dos años antes, en el pórtico trasero de la casa Güell. La barandilla estaba compuesta de trencadís y los pilares inclinados, que recuerdan, según Joan Bassegoda, director de la Cátedra Gaudí, “las patas de una manada de elefantes en movimiento”, son óptimos para recibir adecuadamente el empuje de las bóvedas tabicadas que sostienen el tablero.

 

Gaudí dibujó un puente de 150 metros de longitud y 25 pilares inclinados. Como el puente conectaba las dos partes de la calle de Santa Eulalia, la barandilla lucía, en honor de la mártir de Sarrià la inscripción: “Reza por nosotros, santa Eulalia; ruega por nosotros” (en catalán). Entre cada palabra había una cruz de Santa Eulalia (en forma de aspa, como la de San Andrés).

 

El cemento Pórtland Asland, que Eusebi Güell producía en la nueva fábrica de Castellar de N’Hug, abierta el mismo 1904, habría sido el material entonces revolucionario y que habría mantenido la obra de una pieza: el arquitecto habría sido pionero en el uso del hormigón armado en Cataluña. El presupuesto, incluyendo el 5 % de los honorarios del arquitecto, ascendió a 55.647,94 pesetas. Cabe decir que los honorarios de Gaudí serían la risa para la mayoría de los arquitectos de hoy.

 

¿Qué pasó? No quedan claras las razones que hicieran abortar el proyecto de un puente que habría coincidido con la época de la casa Batlló (1904-1906) y la Pedrera (1906-1910) y se habría convertido en una de las grandes obras de ingeniería de Gaudí. Ni se realizó, ni se realizará.

 

Hoy, entre los proyectos del Ayuntamiento, aún figura la construcción de un puente sobre las vías de los Ferrocarriles, pero no tomando como punto de partida el que soñó Gaudí, sino en la calle Margenat, paralelo a Inmaculada. El proyecto no está encargado, pero no es previsible que se parezca en nada al de Gaudí. La altura de los pilares, que estaba previsto que llegaran a los quince metros en su punto más alto, sería suficiente para superar las vías del tren, pero están demasiado juntos para que hoy pudieran salvar la anchura de la línea ferroviaria.

 

Hace unos años un americano de los Estados Unidos mostró interés por los planos del puente que proyectó Gaudí y es posible que ahora, en una finca californiana, tengan lo que nosotros no tenemos. Los vecinos de Sarrià, para compensar la pérdida del puente de Pomaret, deben contentarse con el de Bellesguard, mucho menos ambicioso, que se restauró después de muchos años de abandono y que se inauguró de nuevo hace pocos años. Estos vecinos también pueden hacerse una idea de lo que habría sido ese puente con la maqueta que se construyó en 2002 a partir de los planos, perdidos durante mucho tiempo desde que se rechazó el proyecto en 1906, y reencontrados por Bassegoda, en el Archivo Histórico de la Ciudad, en 2002. La maqueta se guarda actualmente en la Biblioteca Pública Clarà, muy próxima al Campus Barcelona de la UIC.