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Voces / Editorial

Sueña en tu vida real

Jaume Figa i Vaello

Hace un par de años, durante una “tertulieta” entre amigos, hablábamos de la importancia de ser personas con empuje y con ganas de abrirnos a nuevos horizontes. Entre los que estábamos, había un japonés que, a pesar de llevar un tiempo en Barcelona, el idioma –más avezado, él, al inglés– le traicionó, y dijo: “¡es que los jóvenes de hoy no tienen sueño!”. Lógicamente, entre la comprensión y el asombro, no pudimos contener la risa por aquella confusión.

 

Sin embargo, creo que a todos nos quedó muy claro lo que quería decir. Si el planeta se parara por unos instantes, este japonés lo pondría de nuevo en marcha, porque es un hombre que va cargado de sueños. Ahora anda por su país, tratando de cambiar el mundo y, ciertamente, creo que lo hará. Mientras tanto, algunos todavía quizás siguen pensando en que tienen mucho sueño y, carentes de sueños, no son capaces de levantarse al primer “grito” del despertador.

 

De alguna manera nos lo decía Cristina Garmendia, en la entrevista publicada el miércoles pasado: “Ojalá la sociedad civil española estuviera más cerca de la política, fuera más exigente con sus representantes”. Ojalá tuviéramos más sueños, en definitiva. Los sueños van muy ligados a la implicación en la vida social. La real, no la virtual: la “gran noticia” del viernes era que cayó WhatsApp e inmediatamente se ironizó con la frase: “Conocí a gente maravillosa que vive en mi casa y dicen que son mi familia”.

 

Es curioso comprobar cómo, en una sociedad en la que estamos más informados que nunca de todo lo que ocurre, es cuando más desconectamos de la vida que nos rodea. La Vanguardia explicaba hace poco que cada vez hay más jóvenes con los pulgares atrofiados por usar el móvil. Pero lo que de verdad se nos puede atrofiar es el alma, que poco a poco va siendo más incapaz de ver más allá de sus narices. El mundo se cambia empezando por nosotros mismos, y si con un poco de suerte leemos algo más que la prensa deportiva y no sólo nos quedamos con los titulares de lo que está pasando en Ucrania y Venezuela –por decir dos países que, por desgracia, son el centro de las noticias hoy–, sino que nos preguntamos qué está pasando allí y por qué; si actuamos así, digo, entonces sí es posible conocer personas con historias apasionantes –mucho más que lo que nos puedan explicar ciento cuarenta caracteres– y, en la medida de lo posible, ayudarles.

 

Esta mañana he visto un anuncio que me ha hecho mucha gracia. Un auténtico viral que se ha extendido como río fuera de cauce durante los últimos días. Es sobre un supuesto nuevo producto de Coca-Cola, el Social Media Guard. “Las redes sociales son fabulosas –explica el vídeo–. Te conectan con el mundo, y con la gente que amas. Puedes hablar con tu familia o compartir una comida con amigos”. Mientras, van saliendo imágenes que desmienten el discurso, que habla maravillas de cuando se te acaba la batería, porque es cuando te conectas con el mundo real. El Social Media Guard coge lo “social” de las “redes” para colocarlo de nuevo en tu vida.

 

Creo que no sería una tontería probarlo.