Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización. Puedes cambiar la configuración y obtener más información. Más información
Voces / Para entendernos

Ada Colau se ha pasado diez pueblos

Salvador Aragonés

Ahora ya no hay incompatibilidades por parentesco familiar propiamente dicho, sino que se colocan a las parejas y a los familiares. Esto tiene una enorme ventaja. Las parejas de hecho no tienen cuñados, ni sobrinos, ni suegros, ni consuegros del otro u otra, con lo que el enchufismo queda mucho más reducido y disimulado.

 

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha inventado una fórmula imaginativa: ha colocado a su pareja, Adrià Alemany, como asesor personal y Responsable de Relaciones Institucionales, pero eso sí, a sueldo de la plataforma política Barcelona en comú que ella lidera. Nadie puede decir que la pareja de la alcaldesa cobra del Ayuntamiento, aunque tenga despacho permanente en él. Los aduladores de la Colau, que ya se han posicionado, califican a Adrià de hombre “muy cualificado”. Ha dicho Monedero (Podemos): “Las críticas son injustas porque Adrià Alemany es cofundador de la PAH”, la plataforma de las hipotecas. ¡Vaya experiencia política e institucional!

 

Pero lo gordo es que como jefa de comunicación especialista en redes sociales, Ada Colau ha colocado nada menos que a Águeda Bañón, una activista de porno, que impulsó el proyecto “Girls who like porno” (GWLP), realizando vídeos porno  y performances en los festivales de música de toda Europa, incluyendo el barcelonés Sónar. Sus méritos deben estar en eso y al hecho de que trabajó en redes sociales durante la campaña electoral de Barcelona en Comú.

 

En las redes sociales se ha denunciado profusamente este nombramiento que deja a Barcelona a la altura del betún, cambiando radicalmente la imagen de ciudad, pues de ser una ciudad cool, moderna y de acogida, a una ciudad de guarros.

 

El nuevo académico de la Lengua, asiento H, Félix de Azúa, que en su juventud era, a su manera, un anti-sistema (lo sé porque era de mi curso), comentaba hace unos días en el diario El País que en Catalunya ya casi nadie protesta, y que la elección de Colau como alcaldesa era hacer un llamamiento a que miles de anti-sistemas de todo el mundo se instalen en Barcelona, la cual es ya la capital del yihadismo en España. El problema de la seguridad, o mejor dicho de la inseguridad, en Barcelona está servido.

 

Ada Colau inició bien su mandato, poniendo a personas conocidas al frente de alguna área importante, como el ex socialista Jordi Martí en la gerencia. Pero a partir de ahí se ha rodeado de personas que son especialistas en escraches, pero no en gestionar un Ayuntamiento, y menos de las dimensiones del de Barcelona. Han entrado no solo quienes ayudaban a Colau en su lucha en el PAH, contra las hipotecas, sino que también están las parejas de estos y toda una serie de personas desconocidas, entre las que destaca Àgueda Bañón.

 

También Ada Colau hizo un llamamiento a no molestar mucho a los que pasan sin pagar el metro y el autobús. Desde entonces, el periodista que suscribe, usuario del transporte  público, cada día puede observar cómo jóvenes se cuelan dando un salto, o simplemente no pagan el autobús. Fue un efecto llamada. Los pensionistas no pueden saltar las vallas, no colarse en el autobús con zigzagueos.

 

La perla positiva ha sido la entrevista de Ada Colau  con Isidre Fainé, presidente de “la Caixa”, que se las sabe todas. Sobre los desahucios Fainé, o mejor dicho “la Caixa”, no tiene problemas. Desde hace dos años “la Caixa” no desahucia a nadie, porque prefiere antes llegar a un acuerdo con quien no puede pagar una hipoteca, y salvar lo que se pueda. Ada Colau se ha sentido halagada cuando Fainé le ha dado su teléfono para que le llame “cuando quiera”.

 

Esto no ha hecho más que empezar, pero he visto que la oposición está agazapada, y la prensa, los medios de comunicación, más. En Barcelona los medios son más aduladores que críticos, o mejor dicho la crítica no existe si hay detrás del criticado un buen presupuesto.