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Voces / Para entendernos

Born to be alive

Javier Junceda

En las pistas de autos de choque, hay tres alternativas: o sigues en fila al que te precede, en una suerte de cadena que continúan los de atrás de forma mecánica; o te sales del círculo y te dispones a colisionar con todo quisque; o, en fin, te dedicas a esquivar coches y a disfrutar de la conducción. Los primeros prefieren la placidez del circuito y los giros tranquilos y rutinarios, sin implicación alguna, sin riesgo, sin emoción, sin nada. Apuestan a lo seguro: que el claxon del final de la vuelta les alcance con su peinado intacto. Si eres de los segundos, corres el inmediato riesgo de que te persiga el damnificado y, de forma proporcional a tu choque, te impacte de manera inmisericorde una y otra vez. Si este ha sido frontal, frontalmente te dará; si ha sido lateral, de lado te responderá.

 

Siempre he preferido a los terceros. Su interés se limita a entretenerse sin daño, a arriesgar y responder al reto que se presenta veloz ante sus retinas. No buscan enemigos, sino que huyen de ellos. Aprovechan a tope el tiempo de cada vuelta para salir airosos de una locura de incontrolados vehículos al acecho. Van gobernando lo que sin previo aviso se les viene encima, a diestro y siniestro, sin hacer mal a nadie y dejando que los demás hagan lo que estimen más conveniente. Terminan siempre con la tensión por los aires y machacados, pero encantados de la experiencia.

 

Me pregunto si el microcosmos de una pista de autos de choque nos puede dar alguna clave sobre nuestra actual forma de vivir. No sé si cada vez hay más practicantes de los aburridos giros en redondo, pendencieros o fintadores. Lo que sí me gustaría es que estos últimos fueran la mayoría. Pero me huele que quienes dan la nota a empellones contra el prójimo son los protagonistas hoy, como lo son en los autos de choque, y no siempre, por cierto, resultan reprendidos por el jefe de pista. Estos van a su bola, les da completamente igual todo lo que no sea lograr estrellarse contra el prójimo y darse contra él un colosal trastazo. Su entretenimiento fundamental consiste en fijarse un objetivo contra el que apuntar, al que golpear, para así aplacar su ansia coleccionista de agravios.

 

En el fondo, todos tenemos algo de estos tres conductores de autos de choque. Todos hemos hecho circuitos cansinos, colisionado violentamente y sorteado obstáculos. Pero un no sé qué me dice que estos últimos son cada vez menos, desafortunadamente. Debieran de multiplicarse quienes se levantan cada mañana para afrontar las cosas que el día les depara sin perjudicar al de al lado, viviendo como un juego divertido e interesante los apasionantes desafíos que van llegando desde el momento de levantar la persiana. Lástima que los más se repartan entre el rebaño y las ganas de molestar por molestar.

 

Pero, mientras lo acabamos de pensar…, ¿nos damos otra vuelta escuchando al mítico Patrick Hernández en su “Born to be alive”?