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Voces / Para entendernos

Chistorra o fuet

Javier Junceda

Aunque ahora ha tocado a la carne procesada, apuesto a que antes que cante un gallo afectará a la no procesada y a la procesada a medias. Deben quedar pocos productos por ser incluidos en alguna categoría de nocividad. Hasta el aire que respiramos o el agua que bebemos está en cuestión. Vivir mata bastante, como se puede advertir.

 

Estas recomendaciones médicas son recibidas como apocalípticas por regla general. Igual que sucede con los avisos meteorológicos, que predicen ciclogénesis explosivas en lugar de las tradicionales tormentas moderadas, para curarse en salud a efectos de responsabilidad. El uso del lenguaje cumple aquí una importante función disuasoria: se emplean términos técnicos para reforzar el mensaje y subrayar sus conclusiones.

 

Como en el viejo chiste, muchas de las cosas que se nos dicen que son malas para nuestra salud, no nos proporcionan más días de vida, sino que la hacen más soportable. Viviremos menos tiempo o quizá el mismo que nuestro reloj biológico disponga, pero desde luego lo haremos en unas condiciones humanas razonables o, por así decir, más vivibles.

 

He sido fumador. El 31 de diciembre de 2005, encendí mi último cigarrillo. Esa decisión estuvo motivada por el convencimiento íntimo de que mi vida no era solamente cosa mía, sino de los que me rodean. No tenía ningún derecho a fastidiarles mientras yo me sacudía una cajetilla diaria, algo que no tiene nada de bueno para la salud, se mire por donde se mire. Desde entonces, echo de menos el tabaco, pero sigo pensando lo mismo.

 

¿Ocurre igual con la carne, la cafeína, el pan de molde…., con tantos y tantos productos que cada dos por tres son objeto de graves recomendaciones sanitarias? Es posible que sí, pero desde luego he de meditar a fondo someterme a esa nueva renuncia –porque de límites hablamos–, y esta tiranía de lo saludable quizá esté empezando a alcanzar ya cotas paranoicas. El tabaco no puede equipararse a un pepito de ternera, se pongan como se pongan quienes saben de esto.

 

Aquí no queda ni el tato. Los procesos vitales naturales y los accidentes propios de la vida conducen a un final inevitable, porque la vida, como dejó dicho aquel galeno irlandés, es una enfermedad de transmisión sexual. Pero es también mucho más: un periodo de tiempo en el que sufrimos y gozamos, reímos y lloramos, amamos y nos aman, y todo eso no sé si es sano o insano, pero desde luego nos ayuda a sobrevivir cada día.

 

Por favor, comamos vegetales (hasta que los prohíban), pero nunca olvidemos a la chistorra o el fuet, que tanto han contribuido a hacernos más llevadera la vida.

 

 

 
 
Docentes valientes