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Voces / Para entendernos

Ahora es más necesario conocer Europa

Salvador Aragonés

La nueva Europa surgida de las elecciones europeas del pasado mes de mayo funcionará al completo en el mes de diciembre cuando tome posesión el presidente permanente del Consejo Europeo el polaco Donald Tusk, sustituto de Herman Van Rampuy. El Parlamento Europeo presidido por Martin Schulz y la Comisión (gobierno)  europea presidida por Jean-Claude Juncker han iniciado su andadura. ¿Cuáles son las políticas en las que se sustentará esta Europa en los próximos cinco años? Es la nueva Europa que inicia su mandato de cinco años y que se prevé más política, más reforzada y más ideológica.

 

Un grupo de decanos y ex decanos de Ciencias de la Comunicación de las universidades catalanas visitamos a primeros de noviembre las instituciones europeas, la Comisión, el Consejo y el Parlamento. Nos atendieron altos funcionarios, entre ellos el director general de Enseñanza, Xavier Prats. Eran los días en que se elaboraba el presupuesto de la Unión Europea. De los 28 países de la UE, hay cuatro que deberán tener ajustes presupuestarios (recortes) serios: Francia, Italia, Finlandia y Croacia, mientras que tienen buenas perspectivas Alemania, España, Grecia e Irlanda. Los últimos tres ya han sufrido ajustes duros o muy duros.

 

Durante la visita, que duró tres días, una cosa era evidente. Con la crisis económica los estados debían pedir ayuda a los organismos de la Unión al no poder resolver solos los graves problemas que tenían. Así la UE ha ganado peso y poder frente a los estados miembros. De hecho los organismos antes citados, y dado el mandato popular que han recibido, indican que la dirección de los asuntos de la Unión Europea va a ser, en los próximos cinco años, más política e ideológica que no lo fue en el pasado, aunque siempre basada en el consenso entre los estados miembros.

 

La Comisión está formada por una coalición de demócrata cristianos –el Partido Popular Europeo– y socialdemócratas –con el curioso voto en contra del PSOE español–, como lo demuestra el hecho de que el presidente es Juncker (PPE) y el vicepresidente primero es Frans Timmermans (socialdemócrata holandés). Del mismo modo que Donald Tusk pertenece al PPE y la “ministra de Exteriores” o Alta representante será la italiana y socialdemócrata Federica Mogherini. Son estos dos partidos los que ganaron las elecciones de mayo pasado y que han gobernado los destinos de la Unión Europea desde su fundación.

 

Las decisiones europeas aparecen a los ojos de los ciudadanos lejanas, complejas y aburridas, largas en su caminar, burocratizadas. Y esto es así porque poner de acuerdo a 28 estados con sus tradiciones, lenguas, costumbres y modelos políticos no es fácil. La gimnasia del consenso es lo habitual y, dado que hay discrepancias en un primer momento entre los estados, los medios de comunicación destacan más la discrepancia que los acuerdos. Sin consenso nada puede acabar bien en Europa. La gobernanza por este motivo es lenta, pero una vez asentada una decisión o una ley –una directiva– tiene solidez. Ciertamente que los Estados Unidos, Rusia o China van más rápidos, pero Europa ha conseguido crear un acervo único. Bastará con señalar un dato: la pérdida de soberanía de los estados miembros ha sido tan grande en los últimos 60 años que hoy el 80 por ciento de las leyes importantes aprobadas por los parlamentos nacionales son o tienen como base obligatoria las directivas. La Unión Europea va lenta, pero avanza con paso seguro y siempre con consenso. Es la única organización supranacional de este género. Ciertamente faltan dos asignaturas importantes: una defensa y una fiscalidad común.

 

Objetivos de la Comisión

 

La nueva Comisión (gobierno) europea se ha propuesto: luchar contra el paro, crecimiento económico, competitividad empresarial, tratamiento de las inmigraciones, el cambio climático, una política energética que asegure el futuro a los ciudadanos, el incremento de la industrialización y finalmente los temas de la seguridad y justicia europeos junto a una mayor atención real a la ciudadanía y sus derechos. Para el crecimiento económico, Juncker anunciará en diciembre un paquete de inversiones –de  cualquier procedencia– de 300.000 millones de euros. Hay mucha expectación. La economía marcha positivamente aunque con un crecimiento lento. ¿Realmente nos acercamos a un periodo largo de bajos crecimientos, bajos tipos de intereses y bajo incremento del empleo? ¿Vuelve la etapa del llamado “crecimiento cero”?

 

“Uno de los problemas más graves –nos cuenta uno de los responsables de los presupuestos de la Comisión– es que la deuda de los estados miembros de la UE está en un nivel intolerable”. ¿Cómo hacer que esta deuda no condicione el gasto en los estados miembros? Aumentando el crecimiento, la industrialización, reduciendo el paro, manteniendo los presupuestos nacionales sin déficit y los tipos de interés deben seguir bajos. El reto no es nada fácil.

 

Aunque en política exterior y defensa la Unión tiene problemas para consensuar una política común dados los intereses históricos de los estados, han empezado a tomar cuerpo las decisiones comunes en la UE como la negociación de la energía con la Rusia de Putin y con Ucrania. Ahora se ha anunciado que Europa va a reconocer Palestina, y se prepara un gran acuerdo económico, comercial, de inversiones y tecnológico, con los Estados Unidos para crear un libre mercado que entre Europa y USA. La débil presidencia de Obama aplaza este acuerdo hasta después de las elecciones americanas dentro de dos años.

 

Sin elecciones en Francia y Alemania los dos próximos años, Europa avanzará en sus políticas. El anunciado referéndum británico sobre su pertenencia a Europa no se prevé hasta 2017 o 2018, y la previsión es que Gran Bretaña no se saldrá de Europa, aunque querrá obtener ventajas, como siempre.

 

¿Y la Universidad? El plan Bolonia y las evaluaciones de PISA van a seguir porque falta perspectiva para acometer una posible reforma. Por lo general se observa que las universidades, especialmente del sur, muestran poco interés en estudiar los temas europeos a pesar de su influencia en la vida cotidiana. Por otro lado, Europa tiene un déficit de comunicación con sus ciudadanos debido a que tanto los estudios en ciencias de la comunicación como los comunicadores de cada país no están muy interesados en temas europeos porque aparecen lejanos y complejos, la toma de decisiones es larga y porque se desconocen las instituciones comunitarias. A veces es chocante leer informaciones sobre Europa que carecen de un conocimiento elemental. Hay que mejorar, dicen los dirigentes de la comunicación europea, que los ciudadanos tomen conciencia de lo que es y será en el futuro la UE.

 

* Salvador Aragonés es ex decano y profesor emérito de la Facultad Ciencias de la Comunicación de la UIC.