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Voces / Para entendernos

El emprendedor, la ambición y el ‘sentido de misión’

Carlos Rey

Muchos directivos y académicos admiran a los emprendedores “visionarios”, a los que se mueven por la ambición y el inconformismo. En los manuales del emprendedor de éxito, es común la afirmación de que la ambición es uno de los principales rasgos que todo emprendedor debería tener. Sin embargo, a menudo no se tiene en cuenta que los emprendedores de éxito, mientras proponen retos ambiciosos, también suelen tener un fuerte sentido de misión.

 

En el caso de Steve Jobs, probablemente uno de los emprendedores más relevantes de nuestra época, la ambición fue clave para que sus proyectos tuvieran éxito, pero no menos importante fue la pasión con la que vivía el trabajo, que enfocaba desde una perspectiva trascendente. Para Jobs, más que querer ser el número uno, querer ser el mejor, lo más importante era hacer cosas que cambiaran el mundo, que mejoraran de verdad la vida de la gente.

 

Un buen ejemplo de ello es la anécdota de cómo Jobs animó a John Sculley, entonces presidente de Pepsico, a sumarse al proyecto de Apple. Jobs le dijo: “¿Quieres pasar el resto de tu vida vendiendo agua azucarada, o quieres tener la oportunidad de cambiar el mundo?”

 

El paradigma emprendedor de Jobs no es un caso aislado. En un estudio a gran escala que se hizo a 2.700 directivos y dirigentes de 65 empresas de diversos sectores, llevado a cabo por la Cátedra Dirección por Misiones de nuestra Facultad de ADE, hemos comprobado que el sentido de misión está muy correlacionado con la ambición para aprender e innovar, que no es otra cosa que desarrollar cosas nuevas.

 

ambición + misión = persistencia

 

En el emprendedor, esta ecuación es aún más clara y, además, puede determinar su éxito o fracaso. La misión capacita para marcarse una y otra vez metas concretas, sobreponerse a los fracasos y volver a empezar cuando sea necesario. Para el emprendedor, la ambición es la pértiga que le permite saltar hasta donde otros no han llegado y el sentido de misión es el punto de apoyo que impulsa el salto.

 

Según Juan Antonio Pérez López, las personas no trabajamos solo por dinero (motivación extrínseca) o por satisfacción y ambición personal (motivación intrínseca), sino que también necesitamos dar un sentido de misión a nuestro trabajo (motivación transcendente), es decir, entender por qué y para quién hacemos las cosas, ver su trascendencia social, dotar a la acción humana de un sentido y una ambición que mira más a largo plazo. Para este autor la motivación trascendente es la motivación principal y la más importante para entender a los demás y a nosotros mismos y es capaz de influir de manera positiva en todas las motivaciones del individuo, orientándolas hacia una función superior.

 

Por ello, para fomentar la iniciativa en la sociedad —en la escuela, en la universidad, en las escuelas de negocio, en las asociaciones profesionales, en las empresas…—, el primer paso es generar un fuerte sentido de misión en cada persona: ¿quién soy y cuál es mi aportación personal? A partir de aquí se trata de estimular un inconformismo sano capaz de hacer nacer algo nuevo, fomentar emprendedores capaces de combinar la ambición con el sentido de misión y crear círculos virtuosos que los estimulen a luchar con determinación para llegar donde otros no han llegado todavía.

 

* Carlos Rey  es socio director de DpM Consulting y director de la Cátedra de Dirección por Misiones y Gobierno Corporativo, de la UIC

 

Bibliografía

 

1. Carlos Rey y Marta Mas (2013), Mission based motivation: Relationship with extrinsic and intrinsic motivation, GIKA, Global Innovation and Knowledge Academy, ISBN 978-84-616-0275-9.

2. J. A. Pérez López (1993), Fundamentos de la dirección de empresas, Rialp, Madrid.

 
 
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