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Voces / Para entendernos

¿Esclavos con corbata?

Ricardo M. Jiménez

El pasado verano Max Shireson, el director general de la exitosa compañía de bases de datos de Internet MongoDB, renunció a su cargo porque quería pasar más tiempo con su mujer y sus tres hijos. Lo explica en su blog personal. Se lamenta, entre otros sucesos, de no haber estado presente cuando uno de sus hijos fue operado de emergencia.

 

Max Schireson decidió liberarse de la temeraria esclavitud de los viajes de trabajo y de los horarios interminables; seguirá trabajando con corbata, pero sin ser un esclavo. Podrá llegar pronto a casa, compartir las tareas del hogar con su mujer y ser un referente para sus hijos. Schireson, por otra parte, ha tratado de alentar a los empleados a no quemarse, “a trabajar de manera inteligente y eficiente”, porque no desea para otros la situación por la que ha pasado él.

 

Numerosos universitarios competentes que han empezado la vida profesional, por ejemplo, en una auditoria, una consultora o en algunos despachos de abogados viven una jornada laboral extenuante. Y esto no sucede solo en los Estados Unidos, también en Barcelona. Algunos realizan miles de kilómetros al año, otros se levantan al amanecer y vuelven a casa a las tantas. Además, si pretenden acabar el trabajo a una hora razonable, suelen oír frases de sus superiores como las siguientes: “En esta empresa no queremos a gente con mentalidad de funcionario que a las 19.00 se le cae el lápiz y está deseando irse a casa”, “aquí no entendemos de horarios, aquí los horarios son flexibles tanto para bien como para mal”.

 

¿Son esas unas condiciones laborales dignas? ¿Una persona normal puede trabajar con intensidad más de ocho o nueve horas diarias? ¿Quién va a formar una familia así? ¿Quién puede mantener un matrimonio en esas condiciones?

 

Quizá la solución a este problema resida en lograr que los empleados trabajen de forma inteligente y eficiente, como propone Shireson, y que algunos directivos de esas empresas no piensen solo en la cuenta de resultados. Por cierto, Richard Branson, el fundador de Virgin, dijo el pasado 25 de septiembre que los empleados de sus sedes centrales podrán coger las vacaciones que quieran, si no dañan el negocio de la empresa. ¿Adiós a la esclavitud con corbata?

 

* Ricardo-María Jiménez, profesor de la Facultad de Derechoa de la UIC.

(Artículo publicado en La Vanguardia del 28 de octubre de 2014)