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Voces / Para entendernos

Para un mundo más competitivo

Maria Mut

Hace unos meses leía en el periódico que los dobles grados han irrumpido con gran fuerza en el panorama académico y ocupan las primeras posiciones de las carreras con más exigencia académica. Asimismo, el diario en cuestión señalaba que la demanda de este tipo de grados ha experimentado un importante crecimiento y, por tanto, la mayoría de universidades ofrecen diferentes programas.

 

Esta nueva realidad conlleva la toma de conciencia por parte de toda la comunidad universitaria. La universidad debe procurar un producto de calidad y prestigio académico, donde profesorado y personal incorporen la transversalidad y flexibilidad en desarrollar su tarea, y los estudiantes sepan que a la hora de competir en el difícil mercado laboral actual, los empleadores valoran en gran medida la dedicación y el esfuerzo de los estudiantes de doble grado y que sus futuros competidores son cada vez más conscientes de este hecho. Por eso ha crecido tanto la demanda de dobles titulaciones y no es difícil pronosticar que seguirá creciendo durante los próximos años.

 

Ahora bien, no todo el monte es orégano: estudiar un doble grado no es sencillo, conlleva “dobles codos”, un gasto económico importante y la renuncia de tiempo libre, es decir, el estudiante –y generalmente su familia– deberán hacer sacrificios; pero indudablemente la inversión vale la pena, los beneficios se multiplican rápidamente, ya que el estudiante obtiene una doble titulación en relativamente poco tiempo, gracias a la complementariedad de los estudios.

 

Por otra parte, además de los conocimientos teóricos, los dobles grados aportan la adquisición de un amplio abanico de habilidades y capacidades que enriquecen el perfil del estudiante. Para destacar sólo uno: vivimos en un mundo interdisciplinar, las personas no nos enfrentamos a decisiones puramente económicas o políticas ni resolvemos cuestiones puramente jurídicas, la realidad es mucho más compleja y normalmente las decisiones y las cuestiones que tratamos diariamente incorporan aspectos muy variados: económicos, éticos, sociales, políticos, jurídicos, etc. De alguna manera, podríamos decir que los dobles grados enseñan una “realidad más real” o por lo menos más completa.

 

Ahora bien, ante el boom de los dobles grados, la amplia oferta que existe actualmente y las múltiples combinaciones, el estudiante corre el riesgo de saturarse. Por lo tanto, tiene que hacer una buena elección, debe exigir calidad y no puede olvidarse de la coherencia y la complementariedad de las dos titulaciones. En este sentido, debe escoger una institución seria, titulaciones consolidadas y huir de inventos tragaperras. De esta manera, los programas docentes deben ser dinámicos, procurar un ritmo progresivo de estudio y ser asequibles, los horarios deben ser factibles y sobre todo deben evitar la repetición de las materias.

 

En el ámbito de las letras, de lo que tengo un conocimiento y experiencia más amplios, la complementariedad y coherencia de disciplinas como Derecho-Humanidades, Derecho-ADE, ADE-Humanidades, Periodismo-Humanidades o Educación-Humanidades es innegable. En el ámbito de las ciencias, algunas combinaciones que me parecen muy destacables son Farmacia-Nutrición, Enfermería-Fisioterapia, Medicina-Humanidades o Ingeniería-ADE.

 

Además, creo que la doble titulación es muy interesante porque busca que el estudiante incorpore a su perfil una doble dimensión ética y crítica que le permita crecer como profesional y como persona. En definitiva, los dobles grados no deberían crear robots, sino personas con un amplio conocimiento que sean capaces de aplicarlo con sensatez.

 

* Maria Mut Bosque es profesora de Derecho Internacional y Comunitario de la UIC y research Fellow ICS, School of Advanced Studies, University of London

 
 
Querido Millennial