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Voces / Para entendernos

La culpa es mía

Eduard Martí

Bueno, quizá no solo mía, pero yo también soy culpable. Sucedió el 2 de octubre de 2017. Un grupo de estudiantes universitarios se sentaron en una plaza para protestar por el uso desproporcionado de la violencia que, a su entender, había cometido las fuerzas de seguridad sobre la población civil el día anterior. Frente a ellos, otro grupo de estudiantes empezaron a insultarles. Al ver la escena no pude reprimir un pensamiento: ¿Qué hemos hecho mal?

 

Me presento: soy profesor universitario. Así, sin más. Han pasado ya varias semanas de este acontecimiento y me preocupa que no hayamos reflexionado un momento. Estos días resulta fácil acusar a los políticos de manipular, de engañar a la gente. Cataluña y España parecen posturas irreconciliables que están llevando a la fractura de amistades. Os lo tengo que decir: los políticos no nacen debajo de un árbol ni son el resultado del experimento de un sabio. Si alguien no lo sabía, le doy la bienvenida a la Tierra.

 

Los políticos han estudiado en el colegio, han pasado por la universidad (algunos). Los políticos que dirigen nuestra sociedad salen de nuestras manos, de las aulas de docentes escolares y universitarios. ¡Basta ya de echar la culpa de nuestros problemas a los demás! Cuando estos días escucho que es mejor no hablar de estos temas porque discutiremos, que se nos recomienda, a los profesores, que callemos porque la gente se puede molestar, pienso que tenemos un problema: nosotros. ¿Qué clase de sociedad hemos creado en la cual dos personas no son capaces de reflexionar y debatir sin ser insultadas?

 

Los docentes no nos conformarnos con el presente. Somos visionarios, idealistas. No queremos adoctrinar ni imponer una verdad, sino que la descubran con honestidad. Nuestras aulas son hogares de paz, de libertad intelectual, de espíritu abierto para que nadie se sienta excluido por su pensamiento. Soñamos con alumnos reflexivos, que piensen por sí mismos, con madurez, sólidos argumentos y espíritu decidido. Mujeres y hombres de grandes ideales, capaces de preocuparse por su mundo, capaces de reconocer errores y plantear soluciones. Siempre, pero especialmente ahora, la solución no es callar, ni cerrar la boca, sino hablar.

 

Ah! No me vengas con el cuento que enseñas matemáticas y que estos problemas no son de tu competencia. Cuando estás con tus alumnos, ¿cómo los miras?, ¿los oyes?, ¿los escuchas? El docente es una persona que comprende, que ayuda, que anima, que guía. Cerramos los ojos y les vemos volar alto, con una mirada brillante, llena de sueños de gigante. Quizá no podemos hacer mejor el mundo presente, pero el futuro depende de nosotros.

 

Y que nadie se enfade. Si como docente no eres capaz de hacer realidad estos ideales, mejor que te calles y te vayas a la calle.

 

* Eduard Martí Fraga es profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UIC Barcelona).