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Voces / Para entendernos

Marca Barcelona. Luces y sombras

Marta Crispí

7.571.766 de turistas han visitado Barcelona en 2013, el 80 % extranjeros. Esta elocuente cifra revela la fortaleza y el dinamismo de la marca Barcelona y su atractivo a nivel internacional. Pero, ¿cuáles son las claves del éxito? Turismo de Barcelona acaba de hacer público un informe con las valoraciones de los turistas. Con una calificación media de satisfacción de 8,42, los turistas destacan la oferta arquitectónica de la ciudad, con un 9,21; la oferta cultural, con 8,82; y el carácter de los ciudadanos, con un 8,71.

 

Y es que Barcelona ha conseguido definir su identidad en el imaginario colectivo desde el ya lejano 1992, cuando los Juegos Olímpicos la hicieron brillar en las pantallas televisivas de todo el mundo. Barcelona es, desde entonces, sinónimo de cultura, simbiosis de patrimonio histórico y vanguardia. Una imagen bien construida,  y con un skyline de fácil identificación: Sagrada Familia, Casa Batlló, Parque Güell, la Pedrera, Santa Maria del Mar, la catedral… y, no hay que olvidar que es una ciudad que lleva en su ADN dos colores universales, el azul y el grana. Un Barça que es, en sí mismo, marca de prestigio. No por casualidad su museo es el más visitado de la ciudad, con un millón y medio de usuarios en 2012; el segundo de Cataluña, por detrás de los de la Fundación Gala-Salvador Dalí.

 

Internacionalmente hablando, completa y proyecta la ciudad la amplia y diversa programación de festivales bien consolidados. Así, el Sonar, el Primavera Sound, el Salón del Cómic, el Grec, el Loop y el Swab, entre otros, cautivan públicos muy distintos y aumentan el encanto cosmopolita de Barcelona. Son el contrapunto ideal al turista de perfil patrimonial.

 

Luces y sombras porque la aparente buena oferta cultural esconde profundas asimetrías. A estas alturas, Barcelona no puede competir con la programación expositiva de las grandes ciudades europeas, a pesar de sus valiosas colecciones museísticas y del prestigio de las instituciones. La situación económica y política y la propia estructura de gestión impiden propuestas osadas y una amplitud de miras que enriquecerían, primero, a la propia ciudadanía, factor clave de la marca Barcelona”.

 

Y siguiendo con programaciones, pero ahora de los grandes equipamientos de artes escénicas, vale la pena subrayar la variedad de propuestas. Este planteamiento refleja bastante bien la personalidad de Barcelona, con un público que disfruta de producciones de vanguardia pero también de puestas en escena de corte más clásico. Carteleras que son un valor añadido de la oferta cultural barcelonesa aunque resulten poco visibles a los consumidores extranjeros de la marca Barcelona. Una nueva asimetría.

 

Esta marca, construida sobre la imagen de cultura, se complementa con otros atractivos: el ocio y el entretenimiento, el comercio, el encanto de una ciudad mediterránea abierta al mar. Pero, no lo olvidemos, la llave maestra para mantener la calidad y la sostenibilidad de la marca es la cultura. Y, a pesar de los esfuerzos, queda un largo camino hasta alcanzar el perfil de las grandes ciudades europeas que ejercen un fuerte liderazgo en cultura.

 

El potencial existe. Dirigentes, agentes y ciudadanía debemos seguir trabajando para mejorar y completar la marca. Una marca que ha de ser sostenible, basada en la calidad de las propuestas, con una visión más integrada y coherente de todo su potencial, con una puesta en valor de agentes aún poco visibles y con un mayor grado de conciencia de los “límites” que no se pueden transgredir.

 

* Marta Crispí es directora del Máster en Gestión Cultural de la Facultad de Humanidades de la UIC