Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización. Puedes cambiar la configuración y obtener más información. Más información
Voces / Para entendernos

Niño, no toques eso…

Enrique Banús

Y el niño no lo toca si papá o mamá (o quien lo diga) tienen autoridad, o si teme el castigo…

 

El niño Vladimir se ha atrevido a tocar Ucrania… y ya veremos cómo acaba todo. ¿Por qué lo ha hecho? Porque nadie “de la familia” tiene autoridad para impedírselo, y porque el castigo anunciado no asusta al niño Vladimir.

 

En efecto, el tío Obama no da mucho miedo: en primer lugar, los temas internacionales no parece que le interesen mucho; además, tampoco parece que –ni siquiera en su país– irradie una autoridad que le permita llevar a término alguno de sus grandes proyectos. Y en lo de Ucrania las sanciones que ha impuesto han tenido básicamente efectos cosméticos.

 

Los primos segundos chinos están en otros asuntos y Ucrania no les interesa lo más mínimo.

 

Y en Europa, ¿quién está que tenga autoridad? La tía Angela parece que algo sí que tiene, y al principio se enfadó mucho. No es que se le haya pasado el enfado, pero se ha dado cuenta de que no puede imponer las sanciones que le gustaría imponer: en cuanto las anunció se personaron en su despacho los empresarios alemanes y le dijeron que tuviera cuidado, que había muchos intereses alemanes en Rusia y que las sanciones podrían tener un efecto rebote muy poco positivo. Así que rebajó el tono y se hizo a la idea de que no iba a poder actuar como hubiera querido.

 

Además, se dio cuenta de que, tras el cambio de gobierno, volvía a haber en Alemania un ministro de Asuntos Exteriores. Anteriormente, con la marioneta liberal, la política exterior había pasado a ser Chefsache, asunto de la jefa, y el ministro viajaba de acá para allá mientras “la jefa” resolvía los grandes asuntos. Y ya todo el mundo creía que esto iba a ser así para siempre, que la época de los ministros de Asuntos Exteriores ya se había terminado. Pero llegó el nuevo, socialdemócrata, y, aprovechando también el período de menor actividad de tía Angela por su accidente de esquí, empezó a hacerse presente, con voz propia, y no siempre coincidente con la de la canciller ni acordada con ella a priori.

 

Y el nuevo, Frank-Walter Steinmeier, es socialdemócrata… y los socialdemócratas siempre han sido más bien contemporizadores con la Unión Soviética, primero, y con Rusia, después.

 

¿Y los demás? Tío Cameron bastante tiene con la que se está armando dentro de su país (con Escocia que si sí que si no, y un autogol en forma de referéndum sobre la Unión Europea; tío Hollande está en horas muy bajitas, el pobre, aunque consolándose con un nuevo amor; y tío Mariano no parece que sea uno de los grandes políticos en temas de exteriores; y en Italia… ¿cómo dicen que se llama el nuevo?

 

Así que: sí, ahora se ha llegado a un acuerdo… pero, no se preocupen, a tío Vladimir no hay quien le tosa. Todo dependerá de él…

 

Por cierto: ¿se acuerdan de Siria? ¿Es que la situación está resuelta? Pues en unos meses quizá tampoco se acuerden de Ucrania…

 
 
 
  • Luis Gaspar

    Al niño Adolfito tampoco le tosían demasiado sus vecinos, posiblemente el tío Winston, mientras se tomaba el té, debía comentar con el primo-hermano De Gaulle que son cosas de niños, ¿¡cosas de niños!? Pues nos ha salido rana la verdad.

    Y tan rana, sus actuaciones posteriores nos dejaron a entender que tenía una forma muy extraña de divertirse, ¿por qué no le gustaría jugar a la pelota como a los niños normales? Y vaya follón a Vladimir tampoco parece que le guste, habrá que intentar abrirle nuevos horizontes con el Cricket o el Croquet, a ver si deja de jugar a los soldaditos de una vez.