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Voces / Para entendernos

¿Quién no ha sido espiado?

Joaquín Luna

Relataba un profesor universitario estadounidense el impacto que la causó la visita al memorial de Hiroshima, la ciudad mártir japonesa arrasada por la primera bomba nuclear de la historia. Al final de la visita, incómodo, expresó lo mejor que supo sus palabras de vergüenza y condolencia a un colega japonés que le acompañaba. Tras las disculpas balbuceantes, el japonés le serenó: “¿Acaso crees que si nosotros hubiéramos tenido la bomba atómica en 1945 no la habríamos arrojado sobre una ciudad de tu país?”.

 

Las revelaciones de Edward Snowden, exanalista de la NSA, sobre el espionaje a gran escala de EE. UU. a sus aliados europeos (y a gigantes latinoamericanos como Brasil) han causado revuelo y cierta indignación, no tanto por el hecho en sí sino por la magnitud de las escuchas, la calidad de los espiados (la canciller Merkel, por ejemplo, así como treinta y cuatro jefes de gobierno o de Estado, la mayoría de países aliados) y la perplejidad ciudadana, que tiende a desconfiar de lo que huela a Gran Hermano.

 

El escándalo es relativo. Discretamente, Washington se ha disculpado (el presidente Obama y su secretario de Estado, John Kerry, han prometido nuevas regulaciones), pero al mismo tiempo desliza que los servicios de inteligencia locales estaban al corriente –y coproducían las escuchas– y eran también beneficiarios de esa relación (ningún país tiene la capacidad tecnológica de Estados Unidos). En el caso de España, Estados Unidos recordó su respaldo tecnológico con el sistema Ekelon a la lucha contra el terrorismo de ETA y el apoyo al espionaje de los islamistas más radicales… Dos asuntos capitales que explican la tibia –y realista– reacción del Gobierno español.

 

Tampoco los gobiernos europeos han querido azuzar la polémica y han optado, bilateralmente, por negociar un nuevo marco, al margen de la UE en su conjunto. No ha descarrilado la inminente ronda negociadora sobre el Tratado de Libre Comercio, uno de los objetivos económicos más importantes del presidente Barack Obama. Un estudio de la UE estima que el Tratado añadiría 120.000 millones de euros al PIB de los veintiocho estados miembros. Al fin y al cabo, ¿quién no ha espiado alguna vez en su vida?