Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una experiencia transparente y cómoda a la hora de navegar por nuestra web. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización. Puedes cambiar la configuración y obtener más información. Más información
Voces / Para entendernos

Marca de la casa: sin corbata

Enrique Banús

¿Otra marca de la casa: sin dinero?

 

Hace un año ni a usted, respetado lector, ni a mí, los nombres Tsipras y Varoufakis nos decían nada. Ahora, el primero ya lo pronunciamos sin problema alguno y del segundo, aunque quizá no nos lo sepamos muy bien, conocemos que es el Ministro de Economía en Grecia. Sabemos que los dos van siempre sin corbata, incluso a las reuniones europeas más conspicuas. Ah, y sabemos eso también: que van a las reuniones europeas más conspicuas para decir fundamentalmente que “no”; que ellos no van a permitir que les impongan condiciones draconianas para un nuevo crédito internacional o europeo, aun sabiendo que, sin ese crédito, en pocas semanas se van a quedar sin modo de pagar sus gastos. También sabemos que ese planteamiento pone muy nerviosos a los alemanes –sobre todo al Ministro de Economía Wolfgang Schäuble– y tampoco gusta mucho al gobierno español y a otros gobiernos que han tenido que hacer sacrificios no pequeños para contentar a la Unión Europea.

 

¿Cuál es el problema? Que la paciencia se está acabando y que las dos partes están bajo presión. Tsipras no tiene otra cosa que el Gobierno. Es el líder de un partido absolutamente nuevo, que no ha acumulado ni prestigio (ni desprestigio), que no se ha hecho con un capital (en parte, como fruto de la corrupción, como los otros partidos), que no cuenta con una base estable ni con una red de relaciones establecida a lo largo de los años. Ha ganado las elecciones porque ha prometido que se acababa la humillación, que iba a conseguir que se mantuviera la financiación externa sin cesiones humillantes. Pero va pasando el tiempo, se acerca el 1 de mayo en que Grecia necesita un crédito incluso para pagar los sueldos de los funcionarios (aunque los optimistas dicen que con lo que tienen podrían llegar hasta finales de mayo o incluso de junio) y las negociaciones no avanzan.

 

Según las últimas encuestas, su partido, Syriza, sigue liderando la intención de voto, con un 38% (incluso dos puntos por encima del porcentaje que obtuvieron en las elecciones a raíz de las cuales acabaron formando gobierno, en extraña alianza con los nacionalistas de derechas), 20 puntos por encima de uno de los partidos “de toda la vida”: el conservador “Nueva Democracia”. Porque éstos fueron los dos ingredientes con los que se cocinó el triunfo: el hastío de lo que los griegos consideran una humillación por parte de la “troika”, es decir, las instituciones financieras mundiales y europeas, y el hartazgo del bipartidismo (Nueva Democracia y partido socialista) corrupto hasta la médula. Y, además, ineficaz.

 

Pero el apoyo a la política del gobierno sí se está erosionando: según las encuestas, ya sólo el 45,5% de los ciudadanos piensa que la estrategia es correcta –frente al 70% hace sólo dos meses. Y en un país en que un 80% de la población defiende el euro, un 56% ven que la salida de la moneda única es una opción real, frente al 35,5% en febrero. Se está erosionando, pues, la confianza dentro del país. Y está aumentando el miedo: un mal punto de partida. Porque hacia dentro Tsipras y sus ministros, sobre todo el de Economía, tienen que conseguir éxito. Para eso les han elegido. Y si se quedan sin gobierno, se quedan sin nada.

 

Pero no parece que haya buenas perspectivas. Wolfgang Schäuble, el importante Ministro alemán de Economía, declaraba hace pocos días, tras la última reunión del Eurogrupo: “No vamos en la dirección correcta; vamos por el camino equivocado. No me imagino cómo podemos alcanzar un acuerdo”. Su jefa, la aún más importante Angela Merkel, lo decía de forma más cortés: Alemania “está preparada para proporcionar ayuda, pero siempre a cambio de reformas”. De reformas de verdad, porque hasta ahora los griegos han ido presentando un plan tras otro, que no se consideran suficientes: como un niño que estuviera intentando evitar un castigo a base de tácticas dilatorias. Luis de Guindos, molesto, ha afirmado que ya han perdido mucho tiempo negociando con Grecia. De falta de respeto hablan otros.

 

Eso también tiene un precio: que no se llega a una solución y, además, va subiendo el tono de la batalla dialéctica y se van diciendo frases muy poco amigables. De Varoufakis ya han dicho sus colegas que es un irresponsable. Se dijo en y tras una reunión en Riga, el 25 de abril, que faltaban pocos días para un acuerdo. En la reunión afirmaba que las negociaciones iban bien… y sus colegas se recocían de cólera. Luego ha afirmado que “todos son unánimes en su odio hacia él y que bienvenido sea ese odio”.

 

¿Por qué esta pose? Porque sabe que, al final, no le pueden dejar caer; ya lo ha dicho Angela: hay que hacer todo lo necesario para evitar que Grecia sea insolvente. Palabra de Angela. Que además se puede apoyar en argumentos firmes: dejar a Grecia sin ayuda supondría un desastre moral (una vez más, Europa quedaría como quien no sabe resolver sus problemas; quedaría así ante sus propios ciudadanos… y ante Estados Unidos y Rusia, siempre dispuestos a una sonrisita irónica cuando esto sucede) y un desastre económico: hay mucho capital de empresas de otros países invertido en Grecia; mientras exista la cuerda que une a Grecia con el resto de la cordada hay esperanzas, aunque sean vagas, de recuperar una parte de los créditos, quizá dentro de algunas décadas; y si Grecia cae, ¿quién será el próximo? El miedo, por tanto, puede hacer que Grecia se salve.

 

Esta vez no será el respeto histórico, la idea de que una Europa sin Grecia es algo así como media Europa. En realidad, esto fue lo que hizo que fuera admitida en las Comunidades Europeas en 1981. En realidad, casi todos tenían bastante claro que no estaba muy preparada. Pero Grecia… es Grecia. Así que: ¡adentro! Además, un país pequeño: no desestabilizará nada. Y luego, en 2001, al euro: con documentos trufados de inexactitudes, que no se detectaron. Así que: ¡adentro! Además, un país pequeño no desestabilizará la moneda única. Pues sí, está desestabilizando la Unión Europea y la moneda única. Porque los errores de base no se han corregido: las reformas necesarias no se han realizado, no se ha combatido eficazmente la corrupción y la tendencia a amañar las cifras. De la historia no se vive, se vive con la historia.

 

Por lo demás, también por parte de la Unión Europea y de las instituciones financieras internacionales se han cometido errores. Como tantas otras veces (véase Rusia, véase Turquía) se ha subestimado la importancia del orgullo nacional, sobre todo en aquellos países que un día fueron importantes o incluso un imperio. Aunque fuera hace siglos, algo queda. Y no es bueno pisotearlo. Por eso, la actitud de la “troika” en plan “yo sé lo que tienes que hacer” (actitud que ha caracterizado no pocas veces, por ejemplo, al Banco Mundial) fomenta reacciones no siempre saludables. Y cuando recién elegido Tsipras le dio un portazo al joven y nuevo Presidente del Eurogrupo, que pasaba por allí para saludar y conversar un ratito, la población lo acogió… con satisfacción y orgullo. Mientras tanto, la “troika” ha tenido que reducir su papel al de técnicos asesores y dejar las negociaciones en manos del Eurogrupo, al que Grecia pertenece: con ello han conseguido una pequeña victoria: ya no son fiscalizados desde fuera. Pero el ambiente “dentro” está que se puede cortar.

 

¿Qué sucederá? Difícil es ser profeta. Pero la palabra de Angela es la palabra de Angela. Y según la prensa alemana, el 26 de abril ha recibido una llamada de Alexis Tsipras para pedirle dinero. ¿Qué le habrá prometido? ¿Se apiadará tía Angela? Sería curioso que, al final, toda la parafernalia europea se resolviera en unas llamaditas. Pero, queridos lectores, ármense de paciencia. Hay Grecia para rato.

 

* Dr. Enrique Banús es profesor de la Facultad de Humanidade en la Universidad de Piura (Perú). Presidente de la European Community Studies Association (ECSA).

 
 
Urbanidad aérea
La casa Europa