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Voces / Para entendernos

Tiempo de cambios acelerados

Carlos Cosials

Vivimos tiempos de cambios: no lo podemos negar. Unos cambios que se perciben profundos, radicales, arraigados a los aspectos más intrínsecos de la sociedad. Quizás destacaríamos los cambios en la comunicación —lo que nos hace más humanos y diferentes del resto de animales— y en el capitalismo, entendido como la forma económica con la que ofrecemos sostenibilidad alimenticia. Lo dijo, también, sin ir más lejos, Joaquín Estefanía en El País, en el artículo “¿Matar a Uber Schumpeter?”, en el que el autor apunta claramente a los cambios económicos y sociales que vislumbran las “nuevas” plataformas digitales: nuevas en el sentido que sencillamente pretenden desbancar a las que ya existen —aunque se afanan en utilizar el anglicismo marketplace, pretendiendo suavizar su propósito real—, y posicionarse en el centro de las negociaciones habituales entre ofertantes y demandantes.

 

Estos ejemplos son una muestra de los impactos que están afectando a las empresas tradicionales, que las obliga a transformarse para adoptar muchas de las prácticas que las nuevas empresas emergentes (start-up) ya están aplicando desde hace tiempo. Las prácticas flexibles, que otorgan agilidad y una rápida escalabilidad, así como la digitalización original están creando nuevas formas de organizarse y producir bajo el paraguas de la transformación digital, es decir, el condicionamiento de digitalizarse completamente está obligando a las organizaciones a transformarse de arriba a abajo. De hecho, es sintomática la lucha que llevando a cabo los dos gigantes estadounidenses de la distribución, Wallmart y Amazon, o, sin ir más lejos, la que libran El Corte Inglés y Amazon.

 

Aún recuerdo la posición y resistencia iniciales, tras la burbuja tecnológica del 2000, cuando El Corte Inglés se resistía a disponer de una tienda en línea argumentando que sus clientes —los de aquel tiempo, claro— solo querían ir a las tiendas físicas. Hasta que se dieron cuenta que, gradualmente, la asistencia iba disminuyendo. Todos los análisis que se hicieron en ese momento se centraban en el estudio del surtido disponible y/o en la configuración de las tiendas y en cómo actuar en el ámbito inmobiliario, alquilando espacios a marcas. Actualmente, El Corte Inglés compite por la verdadera conveniencia que significa el tiempo de entrega, es decir, los clientes ya no se desplazan, sino que les tenemos que llevar las mercancías, y rápido. Han tenido que hacer un giro de 180° en su logística, por lo que, a día de hoy, todo lo que es digital, su nuevo escaparate, manda o, como mínimo, transforma su operación.

 

Pero la logística y/o la distribución minorista (o retail) no son las únicas actividades empresariales amenazadas. Pregunten a sus bancos, a su nuevo gestor personal, desde los diversos canales de acceso, entre los que también se contempla ir a la oficina, excepcionalmente. Estos son varios ejemplos de cómo las relaciones se transforman en el ámbito de los servicios empresariales, tanto las que ya existen entre los empleados como las nuevas que hay que crear con los nuevos clientes. En el ámbito del turismo ya hace tiempo que se habla del invisible traveler y de la transformación que conlleva tratar a los clientes que huyen del trato cara a cara, algo intrínseco en el sector de los servicios. Y mucho más que podríamos decir, también, del ámbito de la educación.

 

Algunos dirán que esta transformación solo amenaza a las actividades empresariales cuyo producto se puede digitalizar y que, en el caso de los servicios, esta interacción ya se está digitalizando, pero que en la robusta y tradicional industria esto no pasa, ni podrá pasar. Los átomos de los productos (bicicletas, lavadoras, coches, edificios, etc.) no se pueden sustituir y, por tanto, podemos estar tranquilos.

 

Nada más lejos de la realidad: dejando de lado la desaparecida Kodak, podemos afirmar que la industria también está amenazada por los cambios en las reglas del juego que conllevan la digitalización de dos aspectos esenciales en su actividad: el proceso industrial y la representación digital del producto. De hecho, en algunas empresas ya se habla del gemelo digital, como representación que permite disponer de un conjunto de informaciones digitalizadas del comportamiento del producto físico en casa del cliente, y que está transformando la relación con él. Otros hablan de la industria 4.0 como resumen de la transformación que están soportando los —¿antiguos?— fabricantes de productos, cuyo proceso de fabricación también se está digitalizando con la introducción de toda una serie de tecnologías, como la robótica autónoma, la manufactura aditiva (o impresión 3D) o lo que se conoce como el Internet de las cosas.

 

Esta transformación digital de los procesos industriales —dentro de la industria 4.0— responde a la cuarta revolución que se vislumbra tras las tres anteriores: la introducción de la máquina de vapor, la fabricación en serie y la introducción de la robótica.

 

En resumen, todo se puede digitalizar; todo se transforma: lo que lo parecía y lo que no. Y esto sucede a la velocidad de transmisión de los bits.

 

* Carlos Cosials es director del Master Executive en Big Data Science (UIC Barcelona).