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Voces / Para entendernos

La verdad y la buena memoria

Roger Jiménez

Mark Twain sostenía que si se dice siempre la verdad no hay que tener buena memoria ni estar preocupados por si tenemos que inventarnos cosas. Dejando de lado el chiste del escritor y humorista estadounidense, no es fácil encontrar códigos deontológicos de la profesión periodística con referencias categóricas a la mentira y la falsedad, aunque es una materia ética significativa y de gran trascendencia. La mentira, claro, transgrede directamente la verdad, y no podemos olvidar que la búsqueda de la verdad es la piedra angular de toda actividad periodística. Puede llegar a ser difícil saber si un profesional de la comunicación ha dicho toda la verdad, pero resulta fácil saber si ha dicho una mentira.

 

El engaño puede adoptar diversas formas, desde la falsedad deliberada a las medias verdades, la desfiguración de la realidad o la mera ambigüedad. Todas ellas pretenden hacer creer algo que no es cierto, un fraude que puede inducir al público a adoptar conclusiones erróneas. Este es un punto del código deontológico revisado a fondo por el Consejo de la Información de Cataluña (CIC) con el fin de responder sin rodeos a los deseos y necesidades de la sociedad de contar, en todo momento, con informaciones contrastadas con diligencia y evitar la difusión de conjeturas y rumores como si se tratara de hechos.

 

El CIC, que pronto hará un año que presido, es una entidad independiente sin ánimo de lucro constituida en el seno del Colegio de Periodistas en 1997, con el fin de velar por el cumplimiento de los principios de ética profesional contenidos en el código aprobado en 1992 por el II Congreso de Periodistas. Se trata de un organismo representativo y plural, integrado por un conjunto de hombres y mujeres de solvencia y autoridad moral reconocidas, que comparten la creencia común de que unos medios de comunicación cuidadosos, equilibrados y responsables son vitales para nuestra democracia. Una prensa libre ayuda a mantener una sociedad fuerte, y de ahí la necesidad de que sea públicamente transparente y de que esté dispuesta a dar explicaciones en todo momento, al igual que actúa hacia otras instituciones.

 

A lo largo de estos años, además de resolver seiscientas quejas presentadas por el público, el CIC trata en todo momento de estimular un diálogo público y abierto entre los ciudadanos y los profesionales de la información, con la mirada proyectada sobre la ética en el comportamiento de los medios, así como de promover unos niveles deontológicos elevados y cuidadosos en la práctica del periodismo ciudadano y otras formas emergentes de comunicación pública. Al tratarse de un instrumento de autorregulación de la profesión, las recomendaciones del CIC son de carácter moral y aprueba resoluciones que vinculan a las partes que voluntariamente aceptan su arbitraje. Se trata de una tarea constante que necesita más que nunca de la complicidad y colaboración de la ciudadanía, de los periodistas y de las empresas. Y volviendo al tema de la verdad, creo que encajan bien unas reflexiones del escritor y dramaturgo británico Harold Pinter cuando recibió el premio Nobel de Literatura. En una digresión sobre el arte y la realidad, precisó: “Como ciudadano que soy, debo pedir siempre qué es cierto y qué es falso”.

 

* Roger Jiménez es presidente del Consell de la Informació de Catalunya (CIC)

 
 
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