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Voces / Para entendernos

Viento en popa a toda vela

Adriana Muñoz

Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación en la sociedad actual están adquiriendo un dominio inimaginable en nuestras vidas. La cuestión es: ¿Navegamos o nos ahogamos en el mundo digital? Seré sincera: a mí, que tengo dieciocho años, me resulta difícil navegar sin ahogarme. Porque navegar por el mar tecnológico no es una tarea fácil. Me explico.

 

¿Cuántas veces abrimos el ordenador para responder un correo electrónico y acabamos respondiendo o buscando cualquier otra información? Cuando usamos un dispositivo electrónico para comunicarnos o informarnos, a menudo no somos conscientes de que seremos “bombardeados” de información que nos disuadirá de nuestro objetivo inicial de usar dicho dispositivo.

 

No sé a usted, apreciado lector, pero a mí me resulta demasiado fácil estar con seres queridos a mi alrededor y coger el móvil para enviar un mensaje rápido de Whatsapp y acabar pasándome horas divagando por Instagram dando likes a personas que ni conozco y olvidarme de las personas que me rodean en el tiempo presente.

 

Este ejemplo ilustra claramente que las redes sociales nos acercan a las personas lejanas mientras que nos alejan de las personas cercanas. Y cuando entramos en este bucle vicioso de irnos ahogando poco a poco en el mar, resulta difícil regresar a la superficie para volver al tiempo presente y real y no quedarse en el digital o ficticio.

 

Este hecho es común en nuestra sociedad, pero me parece necesario tener presente las implicaciones que conlleva entrar en este bucle y lidiar con ellas.

 

Porque es un hecho, aceptémoslo: las aplicaciones nos roban horas de sueño, de estudio, de momentos y de vida. ¿Acaso la vida no son momentos y mientras nos encontramos sumergidos en nuestra pantalla perdemos aquellos que nunca, jamás, volverán?

 

No todo es negro, claro; también hay blancos y grises. Las nuevas tecnologías nos ofrecen la posibilidad de tener a nuestro alcance todo tipo de información y comodidades. Eso es bueno. Sin embargo, debemos recordar que somos personas y no podemos reducir nuestra existencia a lo meramente digital. No podemos renunciar a una humanidad más humana ni olvidar nuestra intimidad y autonomía. Hemos de establecer un equilibrio entre ambos mundos —el digital y el real—, buscando navegar con precaución, calculando los pasos a dar en cada uno, y sin sobrepasar unos límites que me parece lógico que existan.

 

Y es que irnos a la deriva no es —no puede ser— una opción. Implica naufragar, porque quien mal anda mal acaba.

 

Así que recordemos que somos los capitanes de nuestra vida y está en nuestras manos llevar bien la nave en este mar digital. Y el capitán debe saber qué es lo importante y qué no. No vale caer en ese bucle.

 

Porque nosotros tenemos el timón de nuestro barco, nadie más.

 

* Adriana Muñoz García es alumna de 1.º del grado en Humanidades y Estudios Culturales.

 
 
Arriesguémonos